Kilómetro, de Loreto Sesma


 

En la radio suena…
 
Aprendiendo a vivir
a coger en marcha el autobús.
Aprendiendo a leer
en los ojos de la multitud.
Aprendiendo a vivir
amando contrarreloj.
Aprendiendo a seguir
el compás de la imaginación.
 
Aprendiendo a vivir

 
 
Hay autobuses que parecen las salas de espera de un hospital,
igual que hay estaciones que están cansadas de ver llegar gente
que luego nunca se queda.
 
Creo que deberíamos preguntarles a los trenes qué es lo que sienten,
porque me he dado cuenta de que a ellos tampoco hay nadie que los espere,
lo único que quiere la gente
es llegar a su destino.
 
Hay gatos que (sobre)viven en la calle
que desearían no tener que soportar las oportunidades
que les otorgan sus siete vidas.
 
Drogas que no querían hacer daño,
sólo necesitaban alguien que las necesitara.
 
Hospitales que lloran por las noches
por ver morir a gente,
lo que ellos querían era salvarles.
 
Tartas de cumpleaños que ven las velas
como espadas que las atraviesan.
 
Cuchillos que no querían hacer herida,
sólo querían ser aquello que corta la soga
y acabaron en alguna espalda.
 
Cementerios con complejo de floristería.
 
Edificios que querían ser hogar
y acabaron siendo cárcel.
 
Cárceles que son hogar.
 
Medicinas que no se venden en farmacias
y curan más que cualquier pastilla.
 
 
Y espero que entiendas
que en ningún momento he hablado
ni de autobuses,
ni de trenes,
ni de gatos,
ni de drogas,
ni de hospitales,
ni de tartas de cumpleaños,
ni de cuchillos,
ni de cementerios,
ni de edificios,
ni de cárceles,
ni de medicinas.
 
                                                     He venido a hablaros de personas.
 

De 317 kilómetros y dos salidas de emergencia, col. Espasa es Poesía, 2015

 
 
 
 

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *