Viernes de necesidad, de Ajo


 
Vestida de negro, como para disimular
que existo, los labios horizontales recién
pintados y un breve bolso blanco, a juego
con mi Perrina, atravesamos los
atardeceres juntas a toda prisa.
 
Queremos llegar a casa antes de que
la noche nos alcance y nos capte para la
mala vida.
 
 
 
 
Es viernes de necesidad y no
hay quien se resista.
 
Cuando, de repente, la típica escena
de viernes: chica sentada en portal,
semidesnuda y muy despeinada llorando
mil mares por un mal de amores, todo
ello por el móvil.
 
Debe de ser una nueva app que hace
llorar a las chicas los viernes al anochecer.
Lo digo porque vimos varias a lo largo
del camino.
 
 
 
 
El caso es que esta chica siguió llorando
y llorando cada vez más despeinada.
Llorando sin parar y sin secarse las
lágrimas. Lloró tanto tanto, tantísimo
lloraba, que llegamos a casa empapadas.
 
(Lloró tanto que llegamos a casa
nadando).
 
 
 
 
Si Madrid no tiene mar, será
porque no quiere, porque
anda que no lloramos aquí la
gente, ¿no te parece, Perrina?
 

De La Perrina y yo, col. Espasa es Poesía, 2016

 
 
 
 

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