Abrazo, de Menchu Gutiérrez


Tras la travesía del Egeo, un padre protege a su hijo con su abrazo. © Carlos Escaño

Tras la travesía del Egeo, un padre protege a su hijo con su abrazo. © Carlos Escaño


 
 
Abrazo
 
 
El circo ha abandonado finalmente la ciudad, y en la esquina de una calle, como un semáforo estropeado que parpadease luces desordenada, arbitrariamente, un anciano, una mujer y un niño tocan unos instrumentos viejos, más gastados aún que sus ropas.
 
     ¿Cuánto tiempo llevan allí, intentando llamar la atención sobre su deslucida fiesta?
 
     Al redoble del tambor, la pequeña cabra sube al taburete de madera y ejecuta una tensa danza circular, como si tuviera que fruncir sus patas para ceñirse a un planeta tan pequeño. Sus pezuñas me hacen daño en el estómago y en el corazón.
 
     Sólo a mí. Los transeúntes apenas miran; los apresurados coches borran al grupo esforzado que pide limosna con el sonido de sus desgraciados instrumentos.
 
     Imagino los balidos comprimidos en la garganta de la cabra, reprimidos por la trompeta, las baquetas del tambor y los arañazos del violín desafinado. Sus ojos giran con el movimiento de sus patas, concentrados en una tristeza muy honda, como si orasen ante un precipicio mucho mayor que el que se abre junto al más alto de los despeñaderos.
 
     La parábola del sembrador se encarna en la tristísima esquina de la ciudad, donde esta familia es una semilla de circo que cayó en tierra baldía, y que jamás podrá prosperar.
 
     La semilla del circo no puede arraigar en el asfalto de la calle, ni en el asfalto de las miradas de los transeúntes. Sus notas disonantes se asemejan demasiado al ruido de los coches con el que se confunden: como pequeños guijarros caen en un gran pedregal.
 
     Sin embargo, los imagino al final del día, acurrucados unos contra otros, dándose una clase de amor que los que ahora les miran sin ver desconocen, y siento que esa clase de calor los convierte en reyes de la noche.
 
     El niño abraza a la cabra. La cabra trasvasa calor al cuerpo del niño y con el abrazo de éste se crea una vez más el pesebre.
 

Menchu Gutiérrez

 
 
 
 
Carlos Escaño (Sevilla, 1973) es profesor de Educación Artística Visual en la Universidad de Sevilla y director de los documentales Contramarea (2016), sobre la dramática situación migratoria en aguas del Egeo, y The RickshOw (2015), centrado en la vida de los tiradores de rickshaw en Calcuta. Destaca el «efecto Lesbos», una sinergia positiva y solidaria transmitida por los compañeros de la ONG Proem-Aid (grupo de profesionales del rescate), que fue «el chispazo» que le llevó, junto a María Iglesias y Jaime Rodríguez, a rodar a Lesbos, «para visualizar esa trágica situación que están viviendo miles de personas que huyen del horror de la guerra e intentan refugiarse en una Europa que debe abrir sus puertas a la solidaridad».