Navegantes nocturnos, de Felipe Benítez Reyes


Desembarco al amanecer en Mitilene (Lesbos) de los ocupantes de un dinghy que acaba de cruzar el Egeo desde Turquía. © Carlos Escaño

Desembarco al amanecer en Mitilene (Lesbos) de los ocupantes de un dinghy que acaba de cruzar el Egeo desde Turquía. © Carlos Escaño


 
 
Navegantes nocturnos
 
 
Antes de partir con los argonautas en busca del vellocino de oro, el belicoso Jasón levantó un altar en honor de Apolo Embasio, dios protector de los embarques, que le había prometido indicarle los pasos del mar.
 
     Estos tripulantes de nuestros días se encomendaron también a algún dios, extraño y caprichoso como todos los dioses, antes de echarse a la mar en busca del vellocino de oro del futuro, ese futuro que desesperadamente creen intuir en una tierra incógnita, fulgente allá a lo lejos, con su esplendor abstracto de paraíso.
 
     Las harpías, perras de Zeus, torturaban al adivino Fineo robándole a diario la comida.
 
     Estos navegantes esperan hoy el favor de un dios. Huyen de la tierra de las harpías, las ladronas de alimentos, las perras feroces de Zeus. Habrán analizado los augurios con respeto supersticioso, pues su destino tiene tres caras posibles: la tierra prometida, la muerte a deshora o el regreso al infierno de siempre, esos territorios separados para ellos por un mar angustioso y por un frágil espejismo.
 

Felipe Benítez Reyes

 
 
 
 
Carlos Escaño (Sevilla, 1973) es profesor de Educación Artística Visual en la Universidad de Sevilla y director de los documentales Contramarea (2016), sobre la dramática situación migratoria en aguas del Egeo, y The RickshOw (2015), centrado en la vida de los tiradores de rickshaw en Calcuta. Destaca el «efecto Lesbos», una sinergia positiva y solidaria transmitida por los compañeros de la ONG Proem-Aid (grupo de profesionales del rescate), que fue «el chispazo» que le llevó, junto a María Iglesias y Jaime Rodríguez, a rodar a Lesbos, «para visualizar esa trágica situación que están viviendo miles de personas que huyen del horror de la guerra e intentan refugiarse en una Europa que debe abrir sus puertas a la solidaridad».
 
 
 
 

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