Contra la muerte


El universal e inevitable tema de la muerte roza, en la poesía de Rojas, los valores habituales de la lucha entre Eros y Tánatos, pero establece una rebeldía original al negarla en varias ocasiones. Si la lucha existencial va de la mano, como hemos visto, de sus ideas sufistas, no es extraño que la cuestión de la muerte se convierta en algo más terrenal que pasional:

«En la vida todo está permitido, menos la muerte. Yo estoy contra la muerte. Pero no solo contra la muerte de los pobres difuntos sin remedio, sino contra la de los inauténticos, la de los miedosos, la de los arribistas con título o sin él, la de los ‘premiables’, la de los academizantes, la de los profesionales de este mundo y del otro». (Comentario de Gonzalo Rojas al poema Contra la muerte).

 

 

CONTRA LA MUERTE

Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser de piedra, estar oscuro,
a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír
a diestra y siniestra con tal de prosperar en mi negocio.

No tengo otro negocio que estar aquí diciendo la verdad
en mitad de la calle y hacia todos los vientos:
la verdad de estar vivo, únicamente vivo,
con los pies en la tierra y el esqueleto libre en este mundo.

¿Qué sacamos con eso de saltar hasta el sol con nuestras máquinas
a la velocidad del pensamiento, demonios: qué sacamos
con volar más allá del infinito
si seguimos muriendo sin esperanza alguna de vivir
fuera del tiempo oscuro?

Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.
Pero respiro, y como, y hasta duermo
pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme
de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento allá abajo.

No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,
pero no puedo ver cajones y cajones
pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto
llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver
todavía caliente la sangre en los cajones.

Toco esta rosa, beso sus pétalos, adoro
la vida, no me canso de amar a las mujeres: me alimento
de abrir el mundo en ellas. Pero todo es inútil,
porque yo mismo soy una cabeza inútil
lista para cortar, pero no entender qué es eso
de esperar otro mundo de este mundo.

Me hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me río
de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre
que me devora, el hambre de vivir como el sol
en la gracia del aire, eternamente.

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