Viérais con mis ojos a Dani Orviz, por Marçal Font


“Porque toda la dulzura consiste casi en uno que cante solo; y
con mayor atención se nota y se entiende el buen modo […].
Mas por lo que yo estoy mejor […] es por lo que vulgarmente
llamamos recitar, el cual da tanta gracia y fuerza a las palabras,
que es maravilla.”

Baldassare Castiglione; El cortesano. 1528

“It has always been a subject of some mortification to me, that my songs, as they are set, give such a very imperfect notion of the manner in wich I wish them to be performed, and that most of that peculiarity of character, which, I believe, they possess as I sing them myself, is lost in the process they must undergo for publication.”

Thomas Moore; Preface to Melodies, songs,
sacred songs, and national airs. 1830

Lo vierais con mis ojos. La noche tibia, la escena floja, el público algo reticente todavía ante la desconfianza que genera a propios y extraños la invitación a un recital poético y por fin su turno sobre las tablas.

Dije desconfianza sí, luego hablaremos de “su turno”, pero quizás me quede corto. Repasemos: poetas crípticos, poetas estridentes, poetas histriónicos, poetas hilarantes, poetas sosos, poetas muermos, poetas ególatras, poetas megalómanos, poetas para salvar el mundo, poetas para arrastrarlo, poetas aburridos, aburridísimos algunos. Somnolencia y bostezo, desconexión, musaraña y ojalá entrara una mosca para distraernos un poco con algo mientras el poeta lee y lee y lee, monótono o desquiciado da igual, un blableo interminable. Aplauso por compromiso. Compra del libro y firma. Sonrisa forzada y un salir al exterior tras la tortura inhalando aire fresco a bocanadas desesperadas para compensar el sudor frío que da el sopor. La desconfianza del público, pues, no es extraña, es casi magnanimidad lo suyo.

Y ahora sí, llega su turno. Dani Orviz sube a las tablas. Con sus primeros pasos camino a coger el micro sabemos que no es su primera vez. Capta la atención. El público decide darle un voto de confianza, a él y a la velada poética. Relajado y confiado va hacia el trampolín, sabe perfectamente que el salto mortal que va a ejecutar no es fácil, no va de sobrado pero sí preparado, humilde pero sin tensión que pueda agarrotarle la lengua. Y acto seguido, la magia de la comunicación. El brillo. La palabra que cobra forma y puede verse y actúa ante nuestras narices y se mueve y sobre todo nos dice. A nosotros, quienes la escuchamos, por fin, en una velada poética, no importa el formato, la palabra nos dice. Y ya no vemos a Dani. Dani transmutó en verso articulado. Y así el placer. Y el aplauso, sentido por fin, catártico. Y lo mejor: el poso que nos deja. El sentido. La posibilidad de tertulia después: ¿qué poema te gustó más de Dani? ¿Qué verso? ¡Y hay respuesta en la memoria! A mí este. A mí aquél. Qué grande es Dani. Si lo vierais con mis ojos… Qué tremendamente difícil es hacer lo que hace. O dejarse hacer lo que se deja hacer por las palabras. Ya no sé distinguir. Que no es medium pero sí es medio, canal de Jakobson perfecto en técnica y en empatía.

Y la crítica, claro, la comidilla más bien. Unos dirán: no es poesía lo que hace, es show, es espectáculo, actúa, es humor, puro juego con las palabras, buena declamación pero dónde está el fondo. Y yo les respondo con toda vehemencia y fervor que la poesía de Dani se aguanta perfectamente en libro, muchísimo más que los millares de versos que se imprimen anualmente sobre las fibras de árboles inocentes que no merecieron acabar soportando según qué tintas. No sólo eso, les invito a que lean sus libros, Muere sonriendo, que contiene algunos de sus poemas más conocidos por el público conneiseur y Mecánica Planetaria. Este último, primero de los suyos y pieza ya casi imposible de encontrar, recomiendo especialmente leerlo tras haber visto su formato escénico para dar espacio a la sorpresa y descubrir la inagotable cantidad de formas artísticas que supura la creatividad de este artista con todas las letras: cómic, humor, sátira, lírica, crítica, carga existencial, dibujo, cómic, caligrama y proyecto sólido y coherente de una humanidad extrema. Mucho más de lo que le pediríamos a cualquier libro de poesía para darlo por bueno.

Y otros dirán: la poesía no debería ser competición. Y yo les respondo que ya Hesíodo participaba en competiciones poéticas, ya Píndaro, ya Virgilio, ya Casia, ya Arnaut Daniel, ya Lope de Vega, ya Espronceda, ya Lorca. ¿Y qué son sino los miles de premios y concursos de poesía que pueblan la geografía peninsular? Competición bien entendida, en pro de una mejora común, de un espectáculo respetuoso y placentero y previo trabajo y ensayo es siempre positiva. El resto no es competición, se llama envidia, se llama ego frustrado, se llama ambición malsana y puedo asegurar que nada de eso interesa ni motiva lo más mínimo a Dani. Sé de primera mano que es jugador noble, de corazón grande en la derrota e inmenso en la victoria. Celebra la dicha común, el arte en colectivo, el aplauso y la belleza, la superación constante de la palabra. Él es el primer sorprendido de ver hasta dónde le ha llevado la poesía: ha viajado invitado con sus versos por media Europa y hasta se coronó campeón de Poetry Slam del continente en Amberes, que aunque él lo relativice y lo teme en su justa medida no es poco para nada. La poesía, el menos popular de los artes escénicos, el que genera más desconfianza, el que te quita más y te da menos. Un reto autoimpuesto, como él mismo me ha confesado alguna vez. Él es el primer sorprendido por los aplausos que recibe, que merece y que sabe respetar. Porque estoy totalmente seguro que no es lo que él andaba buscando ni lo que esperaba encontrar cuando decidió lanzarse a dar a conocer sus versos en papel o sobre escena. La prueba es que sigue en ello. Buscando lo que busque en ello. Y no para. El éxito ya lo tiene.

Podría deciros también que Dani Orviz es un poeta culto y muy leído. Muy respetuoso por la historia del arte y la literatura. Buen conocedor de la misma y con una sensibilidad por la belleza encomiable. Podría decíroslo, pero sé que el buen conocedor, a quien de verdad puedan interesarle estas cosas, sabrá verlo traslucir en su obra sin problemas. Por lo demás, y a nivel personal, puedo decir que a mí uno de los premios que me ha dado la poesía en la vida es conocer a un maestro de la comunicación y el verso vivo y dicho como él, de quien aprendo a raudales con cada encuentro. Y a un ser humano que de cerca, de tú a tú, lo mismo vale para hablar del Ulises de Joyce, de Pérec o de Shakespeare como de SuperLópez o las películas de Rocky. Lo mismo para bailar como un loco los violines balcánicos como para sosegarse con unas cervezas y confesarse lo dura pero tremendamente hermosa que es la vida.

Dani Orviz es poeta. Dani Orviz es artista. Dani Orviz da placer.

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