Las cicatrices: Piedad Bonnett


Pocos signos son tan elocuentes para hablar de la cualidad finita de la vida y de su absoluta precariedad como las cicatrices, las huellas del tiempo que pasa. De la misma manera que las cicatrices son los ideogramas escritos sobre nuestra piel y dentro de nuestra alma, la poesía marca el sufrimiento y marca la ausencia, tanto para quien la lee (o la escucha), como para quien la escribe. En especial para quien la escribe. La poesía de Piedad Bonnet nos enseña que, tal y como dicen sus versos, “las cicatrices son las costuras de la memoria”… Una forma de curarnos desde el dolor.

Como en lo mejor del arte barroco, que busca la belleza en las últimas horas del héroe-dios al que lloramos desde el principio de los tiempos, o en el motivo de la Piedad, aquella imagen de la madre, la Diosa Madre si se me permite decir, que sostiene entre sus brazos el cuerpo de su hijo muerto, la obra lírica de Piedad Bonnett aspira a lo bello desde el dolor. No solo me refiero a esto porque uno de los libros que ha dejado en mí una marca más honda es el que escribió a propósito de la muerte de su hijo Sebastián, Lo que no tiene nombre, sino porque en una reciente entrevista me ha confrontado con el ficticio poder sanador de la poesía. Me ha dicho que el trabajo literario le permite volver a vivir el dolor, no solo el de ella, sino el de su hijo, permitiéndole una consubstanciación similar a la que alguna vez tuvo con él cuando lo llevó en su vientre. Aquella respuesta me dejó pensando en la rara maternidad que es la escritura. Como Atenea saliendo de la cabeza de Zeus, cada poema es un individuo que termina de formarse en la mente de su creador o creadora y los materiales de los que ha surgido son la misma carne y la misma alma de su creadora, pero distinto a lo que pasa con los dioses del Olimpo siempre seres perfectos, el poema signa la imperfección que es la vida.

Por eso, nunca tan bien puesto un nombre a un recital, porque cada poema de Piedad Bonnett, incluso el verso más feliz, es una cicatriz, una herida que su memoria ha escogido convertir en arte. Se trata de una forma de “literaturizar” lo cotidiano que la ha llevado a ser una de las poetas con carrera más sólida y visible fuera de Colombia, pues cuenta con ocho libros de poemas, varias antologías y su obra ha sido traducida al italiano, al sueco, al griego, al inglés, al francés y al portugués.

Permítanme presentarles a la autora galardonada varias veces en su país y que en España ha recibido el premio Casa de América de poesía americana, el José Lezama Lima y, en México le han dado el Premio Poetas del Mundo Latino, por el aporte de su poesía a la lengua castellana: Piedad Bonnett.

(TEXTO DE PRESENTACIÓN DEL RECITAL “LAS CICATRICES” DE MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ)