ELISABETH MULDER (1904-1987)


MISS X

 

Miras con dos carbunclos del infierno,

con dos llamaradas de fulgor eterno

capaces de encender la nieve del infierno.

 

No sé

por qué miras así,

con el destello del rubí

¿Por qué?

 

Sonríes, y tu boca ancha y fuerte

un rictus maquiavélico pervierte.

Sonríes con la sonrisa de la muerte.

 

Me angustia

el ansia de llegar hasta el profundo

secreto de ese mundo

de tu sonrisa mustia.

 

Te mueves, y me asombra

verte marchar, vaga sombra

que parece pisar sobre una alfombra.

 

Y me suele inquietar

tu movimiento que un absurdo finge:

es cual si viera a la egipciaca esfinge

levantarse y andar.

 

 

MEDIA HORA MÁS TARDE

 

Es la media hora mala de la desilusión,

la que convierte en hieles la miel del corazón.

La que llega imponente, impasible, implacable,

derrumbando el castillo que nos pareció estable.

La que apaga la risa iniciando el lamento;

la hora gris del hastío… La del remordimiento.

La que muestra el fantasma azul del idealismo

convertido en el barro negro del prosaísmo.

Es la media hora mala de los nervios revueltos,

la hora en que triunfantes van los diablos sueltos.

 

Yo, pues, me felicito de no haberte querido:

Media hora más tarde me habría arrepentido.

[La hora emocionada]

 

 

CREPÚSCULO

 

¡Oros, oros!¡Granas, granas!

¡Sangre todavía caliente

de asesinadas mañanas!

 

MOLINOS DE VIENTO

 

Molinos de viento

¡Alma, si pudieras

tú, como ellos, dar

máximo provecho

de la fuerza inútil

que te hace girar!

[Paisajes y Meditaciones]