Reconstruir a un poeta. Pequeño puzzle en torno a Carlos Edmundo, por Miguel Ángel García Argüez


Carlos Edmundo: rara alimaña acechando en la oscura noche de la poesía española

Carlos Edmundo: la noche más cerrada y oculta. La más deslumbrante

Carlos Edmundo: las ruinas de una esplendorosa ciudad precolombina oculta en la maleza

 

«Fíjate en aquel otro

que viene por la orilla del arroyo

tocado de chambergo

y envuelto en largo manto de rubíes.

Observa que sus pasos dejan cercos

de espuma sobre el césped del ribazo

observa que su aliento

se hace nube azulada y le persigue

dibujando mil raras criaturas

en el velo naranja de la tarde.

Es un genio con mágicos poderes

un maestro que empuja su carro de secretos

su palma cristalina

un príncipe que acude a visitarnos

desde el remoto reino que heredó de su estirpe».

 

    Alberto PORLÁN

 

Rastrear las huellas que Carlos Edmundo ha ido dejando por las tediosas autovías de la literatura de nómina y podio puede llevarnos a la conclusión de que, realmente, el poeta jamás existió. Falta en las más relevantes antologías. Falta en las nóminas generacionales más institucionalizadas. Falta en el Parnaso. ¿Dónde está Ory?

 

Carlos Edmundo: parece una sombra: una sombra fantasmal, apenas cierta

Carlos Edmundo: de los telúricos susurros que en la Alameda Apodaca el mar incrusta en las piedras, a las sombras adustas de un ceniciento Madrid de posguerra

Carlos Edmundo: habitando el humus rico de los poetas pobres

 

Pero, sin embargo, si aplicásemos a la nueva poesía del último cuarto de siglo un contador geiger especializado en detectar los residuos radioactivos de la poesía oryana, el aparato empezaría a crujir enloquecido. No sabemos exactamente dónde está. No sabemos con certeza dónde ha estado. Pero estar, lo que es estar, está. No hay duda.

 

Carlos Edmundo: el chamán baila en el círculo de agua

Carlos Edmundo: ordenando su caja de clavos

Carlos Edmundo: recorto la luna y modelo su viruta

 

Resistiendo a modas, modos, etiquetas y parnasos, la palabra de Carlos continúa su callada labor de demolición y andamiaje. Más tarde que temprano, su obra, callada, paciente, coherente, brilla sobre las estanterías empolvadas de eso que llaman historia.

 

Carlos Edmundo: España se queda pequeña. Se oscurece

Carlos Edmundo: desordenando su caja de clavos

Carlos Edmundo: el alquimista en el acelerador de partículas

 

Volvemos esta madrugada a mirar todas las piezas y comprobamos que aún faltan muchas. Demasiadas. Algunas, de hecho, nunca existieron. Otras se han perdido. Otras aún no han llegado. El puzzle está incompleto.

 

Carlos Edmundo: los tiempos y sus pellejos de paquidermo africano

Carlos Edmundo: funambulista loco en el eje del universo

Carlos Edmundo: el niño aferrado al núcleo incandescente del mundo

 

 

Estas líneas son sólo una invitación al juego.

El puzzle está a medias.

Les toca ahora a ustedes colocar las piezas que faltan.

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