Primeras nieves, de Carlos Maldonado


Primeras nieves I

Primera nieve de otoño,
llegas a tiempo,
espejo de todo lo blanco
que ven mis ojos,
cristal frío en mis labios.
¿Por qué me traes también
ese rojo encendido
de las rosas,
esa espina,
esa sangre en mi dedo?

 

Temblor

Ventanas heridas de melancolía,
fría vela encendida
que apenas ilumina.
Sombras alargadas
de tristeza dormida
tras de ti: eres tú,
trágico temblor
de madrugada.

 

Castigo

¿Será esto un castigo?
El frío, la noche, la cama inmensa
y vacía.
Nueve ventanas hacia la vida,
por donde entra la noche de día,
por donde entra el frío de noche,
despertar oscuro.
Solo un tranvía me dice
que hoy también toca vivir.

 

Ese rojo

Ese rojo encendido ―pensé― te gustará
y pensé en la explosión de rojo
―ese rojo en su pecho, me dije―
al desbotonarte la camisa.

 

Quizá

Ventana encendida frente a mi ventana,
que muestra la vida o esconde un secreto:
el secreto de la noche iluminada
quizá de amor, quizá de soledad.

 

Primeras nieves II

Primera nieve de otoño
que vienes inocente a despertarme
con tu sordo y violento remolino:
plácido recuerdo amortiguado
de cristal helado en mi mejilla,
ilusión de vaho en la ventana,
bufanda de madre premurosa,
día en casa. Dime entonces:
¿Por qué te entrometes en mi vida
y me traes insultante
el recuerdo de nieves olvidadas
y el rumor de un pasado adormecido?

 

Era luz

Era luz,
pero negra.
Negra luz de abandono.

Oslo, otoño de 2005

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