[Hubo camelias, pasionarias, glicinas], de Olvido García Valdés


hubo camelias, pasionarias, glicinas
y era la aspereza, hubo un animal con
una pequeña mancha blanca, caía
la noche y era quieto
sonaba
el río, más estruendo a más agua, del cielo
eran las luces, la hermosura, de aquel cielo
de noche, verdes cristales rotos
de donde venimos
somos, de la respiración, del caminar toman
forma los hombros, dulces
frutas del mercado, casi no
de este mundo y tras ellas los árboles, arde
el sueño y son nutrias cuando salen
del agua o un hueco que la palma
calma del estómago, dice Calveyra
muere de sus hojas el hombre
verde enteramente
álamo, y así va siendo

 

cercanía o distancia
el ojo era azul y venía
desde aquel extremo
venía el ojo desde la cara
se destacaba como si antes no
no sé quién eres, decía
rostro y figura móvil
desde lo neutro o la prosa, relieve
de algo que no
antes y era muy abrigado
la misma ropa en el interior, incluida bufanda, y en la calle
necesaria siempre la misma
necesitado desde el ojo
el ojo venía
de ahí y de un rostro blando y dúctil
de cabellos oscuros
de un hablar que soñara
un no dejar de hablar, un padre que no hubiera
caído en el mutismo, la noche de Baviera, el lago, las aguas
subterráneas
no
no de la memoria, sí
del frío, tomado por el frío
cuadrado, diagonal
ojo y patitas, fluía la palabra de una voz
que buscaba lo mate
que a sí se hallaba en lo mate para de pronto alcanzar
aquel lugar, curso
de los fluidos, A negro, del fluido venía
azul ojo de lo redondo y negro

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