Poemas de La ciudad de leopardo y Poemas metálicos, de Subhro Bandopadhyay


Título: Lectura de poemas del libro La ciudad de Leopardo en Expoesía (V Feria del Libro de Soria)

Poemas metálicos

5

Sabíamos que esta falta de sombra era inevitable.
Las temperaturas altas y quietas
sobre una piedra dorada es la ciudad nueva.

No pudimos nombrar al descolorido que entra por la ventana
porque no lo teníamos en el diccionario.
Sólo unas palabras blancas sacudieron el cristal por la madrugada
¿qué más pudo pedir nuestra estancia rota?

Rompí la palabra coincidencia.
Pronuncié la incidencia que estaba dentro con sílabas fuertes.
Puse otra palabra

posibilidad

con los pájaros y árboles desconocidos
en las estrofas cortas junto a la velocidad
de la sintaxis

Para que forme un mapa.

6

Ya sé cómo la sangre pesada y el barro influencian
los hechos reales… se queda la línea plateada
los movimientos erosionados.
Habrá mucha gente a quien le guste la playa
porque allí el silencio significa el mar
y la ceguera es el cielo.
Pero yo me quedo en mi línea
con mi crecimiento mucoso
que no lleva ni una gloria más que la sangre.
No sólo temo a las punzadas
también tengo miedo de la sal…

Madrid, 2010

 

Flores de hierro

 

1

Mejor que hables, ya que has llegado hasta aquí
como los susurros de una boda fracasada o
al igual que el suspiro de un sordomudo
al lado de su manuscrito.
¡Qué cólera tan herida!
La gente te dice:
«Mira, no tienen cultura, sólo dinero;
mira, toman licor con nuestra comida.
¡Qué tipo de vestido llevan las mujeres!».
Tú lo apuntaste en tu dialecto,
en las neuronas de las cintas de casetes.
¿Hay un monje budista allí?
Al que el monasterio ha pedido dinero
después de pasar el control de pasaporte
en el aeropuerto; se ha caído su ropa violeta.

Pongo el acrílico de color blanco pajizo
sobre el lienzo, luego
cae la preparación de los mediodías vacíos

desde el pincel con el olor monástico.

Viene abril en la carne.

 

2

Para Jenica de Rumania o cualquier otra prostituta de Europa del Este

No pregunté de dónde eres pero he podido sentir
tus venas afiladas, malheridas, al hablar.
Te sientes mal si ves alguna calle roja,
un papel colorado o una tela roja, pintalabios rojos.
Cuando pasan las palomas cruzando el octubre blando
veo una mancha gris en el aire,
¡debajo de los ojos insomnes
están las costas ribereñas de India!

Descubrí en tu cuaderno clandestino:
«ahora los héroes de los libros
se mojan bajo la lluvia de acero».

Se moja la silueta de tu desnudez;
siento un ala estremeciéndose,
la ceniza y un aire salado.

Al salir de la casa las mismas tiendas,
las burbujas flotándose,
las mismas idas y vueltas en el túnel del Metro.

El vuelo de tu sueño lateral toca las tetas acurrucadas.
Bajo la luz del SEX SHOP que entra por la ventana
se ve un pájaro de cuchillos
sobre la mesilla.

 

3

Me despierto del sueño blanco y veo el entorno
silencioso del hospital.
Hay manzanas y otras frutas en el baúl.
Pero la luz está ya en la ventana.
Nunca he visto una mañana así:
Mortal
Salgo, toco las casas típicas del barrio,
siento un cristal frío en el cerebro.

El cielo, en la zona céntrica de la ciudad,
puede echar nieve cuando quiera.
Hay muchos carteles grises en todas las paredes;
todo está vacío salvo unos movimientos humanos.

Intento empujar este momento colgado, me para
la sal de la vida solitaria, el cristal de mi garganta.
Acaricio los objetos dorados y antiguos
en este camino que flota con el cariño
que guardaba para las mascotas.

Si giro a la derecha hay una plaza de tertulias,
de charlas, del fútbol de los niños, de las cafeterías y
en esta narrativa queda una estatua en bronce
de un poeta;

le rodean unas esperas de hierro.

 

4

¿Están grabando todas estas palabras?

¿Cuándo y dónde pusieron el último sello
sobre mi carné de identidad hecho de hojas de cuchillo?
Las huidas me dejan papeles perforados en el cerebro.
Si cierro los ojos veo un túnel, unos coches de la policía,
una línea recta de luces de tono sepia.
Me detengo cansado (aunque queda velocidad dispersa en la rodilla)
en el cuerpo de la tarde lluviosa.

¿Estos llantos, suspiros, pueden crear al menos una imagen de lo herido?
Hay algunas páginas de un libro estropeado en mi cintura,
que traigo desde las escaleras de las lecciones fracasadas de
la Facultad de Bellas Artes.
Ahora el ruido de los camiones pesados machaca todo esto.

Abro los ojos.
La base de Metro a las 7 de la mañana es azul cobalto,
luego vienen puntos negros sobre una segunda capa de amarillo extranjero.

Mi cabeza garabateada ahora puede descansar.

 

5

¿Cómo se puede escribir lo áspero, la cámara y los rayos X
sobre el receptor desnudo de las neuronas?

¿Qué significarán mis palabras?
¿El descanso de los párpados entre el montón de hierro oxidado
o la línea de la imaginación
entre la rosa y el suicidio?

Veo un hombre cogiendo la mano de una prostituta
en la plaza llena de un sábado,
¡yo lo llamo la escritura!

Se crea automáticamente un mediodía largo tropical,
dentro de esta ebriedad dorada de Madrid;
se mezcla el gemido de la pareja joven con
la imagen de un perro que duerme en el barro;
se mezcla el opio de color de un mirlo
con la pared del pasillo oscuro de un piso compartido.

Pero estas escenas
¿a dónde van en esta emigración sin identidad?

 

6

¿Qué importancia tiene la mano cansada para un cuerpo
de barro? El invierno se engancha al cuello de esta juventud
en las piedras. La carne sigue cayendo aunque no quise.
En los ojos cae la sal de un miedo desconocido.
La ciudad ya está grabada en mi voz de cuchillo;
dentro este bosque de mis propios errores…

Después de la muerte de mi lengua
el imaginario se marchará hacia lo vago,
hacia el mundo sin poetas;

se queda el banco vacío y antiguo del parque.

No son para ninguno de nosotros.

Madrid/Calcuta 2008-2009

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