Escribir en la orilla de otros horizontes, de Montserrat Villar 1


Aunque suene a tópico, nací en un pueblecito de Ourense a 15 km de la frontera de Portugal, país al que íbamos continuamente a comprar aquello que era más barato que en España. En casa decíamos «nos vamos a ver a Sé y Judith», y aparecíamos en un pequeño pueblo en el que unos señores a los que entendíamos perfectamente hacían las delicias de mis padres y nuestras (de los niños), sobre todo nuestras, regalándonos unos caramelos cuyo sabor todavía guardo en la memoria.

Cuando comencé a leer, indiscriminada y desordenadamente, me compré, en la primera oportunidad que tuve, la poesía completa de Pessoa, porque leer en portugués no significaba un gran esfuerzo para una gallega de frontera (aunque no siempre entendía todo). Y así nació mi relación con esa cultura.

A los dieciocho me vine a estudiar a Salamanca, ciudad que se me antojó fría y poco acogedora para una persona acostumbrada a conocer a todo el mundo por el nombre y a dormir con el arrullo de los pinos que rodeaban mi pequeño pueblo. En cuarto de carrera, sin meditarlo mucho y gracias a una beca Erasmus, pude irme a vivir a Coimbra y redescubrí el carácter, afectuosidad y paisaje de mi infancia. Fue un año de lecturas, viajes, amistades, descubrimiento de rincones por los que los turistas no suelen ir: olores, colores, sonidos…

Me llevó a desear seguir estudiando y, tras acabar Filología Hispánica, por el mero placer, deseo y agradecimiento a ese pueblo que me hizo sentir en casa de nuevo, terminé Filología Portuguesa. Continué leyendo a sus autores (Sá-Carneiro, Pessoa, Mia Couto…, los que más me impresionaron) en la lengua original (un placer indescriptible); trabajé con el portugués esporádicamente y solo en este último año mi relación con él empieza a ser estrecha: traduzco a poetas contemporáneos jóvenes para un blog, Num só grito, que dirige un joven amigo luso residente en Salamanca (João Guerreiro) y que trata de dar a conocer la literatura española en Portugal y viceversa. Pero mi necesidad, curiosidad y amor por ese idioma han hecho que me decidiera a empezar a traducir alguna obra y, curiosamente, el primer autor con el que me he puesto a trabajar es un poeta brasileño: Álvaro Alves de Faria, un poeta con alma portuguesa que dice renegar de la poesía brasileña e identificarse con la portuguesa y que viaja de vez en cuando a Salamanca.

Álvaro Alves de Faria me envió uno de sus «romances» para que yo entendiera su relación con Portugal, y al leerlo me identifiqué con él. Yo no vivo en otro país, pero vivo fuera de Galicia, en la meseta castellana cuyo horizonte es infinito y en la que las noches de aire no se mecen los pinos. De ahí nació un pequeño texto que le remití y que él pidió que ampliara y, generosamente, añadió a una publicación que saldrá próximamente.

Mi relación con Portugal está creciendo desde mi infancia, voy y vengo siempre que puedo, igual que a Galicia, y ambos lugares representan el abrazo del que nunca quieres alejarte.

Carta de mayo para Álvaro Alves de Faria

Salamanca, 4 de mayo de 2013

La vida es un viaje, pero un viaje en el que muchos se conforman con ver pasar el paisaje ante sus ojos y otros, como usted, buscan dentro de su interior a lo largo y ancho de todo el camino. Cartas de Abril para Júlia, a mi modesto entender, es la metáfora de ese viaje interior: inquietante, desordenado, inacabado, como lo es el propio pensamiento y el reflejo de este en la prosa-poética que construye su pequeño-gran relato. Una búsqueda en la que el autor (usted, Álvaro Alves de Faria) es consciente de que la palabra no puede expresar lo que se clava en el alma y necesita imágenes que nos lleven a entender esa ansia de encontrar el lugar, su lugar de origen. ¡Qué difícil expresar si no existiera la metáfora ni la ruptura lógica del lenguaje!

La vida es un éxodo, pero todos somos conscientes de estar realizándolo cuando ya nuestra memoria está cargada de recuerdos, olores, sabores, palabras, poesía, que otros nos han transmitido. Es en ese momento en que la certeza, hasta ahora irrefutable, sobre nuestro origen se convierte en obsesión y anhelo por llegar al lugar al que realmente se pertenece: «Quando invadiu-me, eu ainda acreditava nas coisas que me rodeavam / Ao ver Júlia, sabia que via também meus passos em busca sempre das montanhas, onde me deixo ficar à espera de mim, como se me viesse alguma vez». Júlia, mujer deseada como el sentimiento, expresado por los místicos españoles, de salvar el abismo que separa del paraíso al poeta anclado a una realidad que no le llena. Imagen del otro mundo de partida de los navegantes del siglo XV, la Península Ibérica: Portugal, Idanha, Coimbra y España o Argamasilha de Alba.

Portugal, un lugar conocido a través de su literatura, historia, pero sobre todo a través de los ojos de sus progenitores. Por lo tanto, imagen engrandecida por recuerdos de su familia, recuerdos infantiles que se clavan en el alma. Por eso Júlia: «tem gosto de açúcar na boca», como lo tiene la niñez. Imagen menos real que leyenda, pero leyenda necesaria que los emigrantes crean en su memoria para poder sobrevivir al «destierro», al igual que los primeros navegantes, al igual que Ulises. Origen y fin de esa búsqueda humana y de esa necesidad de conocimiento infinito que, a medida que alimenta, más ansias provoca: «Foço chaves para me trancar mais / Alimentava-me en raizes que me cortavam os pulsos». Un Portugal, al fin, que representa la saudade de Pessoa y al que se reconoce literariamente en símbolos de la narración.

España, un Quijote que busca sueños que salvan del destierro, que llega a sentir el dolor de los fados, que es consciente de la inexistencia real de Júlia, Reina del lugar de origen del propio Cervantes (Argamasilla de Alba). Realidad y ficción, juntas para conseguir arribar al puerto que habita la memoria y salvarse de la conciencia de no ser nada sin encontrarse a uno mismo.

Realidad y sueño, noche y día: «Sei também que a Rainha Júlia pinta as unas com a cor do crepúsculo, daqueles que não existem mais»… Júlia, reina de un castillo que forma parte de un reino al que desea llegar y del que desea formar parte. Paraíso inalcanzable que dibuja en el corazón las cicatrices que este peregrinaje al conocimiento de uno mismo va marcando.

Espejos que reflejan el paso del tiempo y la larga distancia que separan al viajero de su añorado destino. Pero destino, al fin, que da sentido a la vida y a su propia expresión, el poema: «Resta-me dela o que exauriu para sempre. O verso do poema e do poema a poesia inexistente, dessas que ferem por dentro e fazem sangrar sentimentos e desejos / Eu não conheço a Júlia […] mas ela vive dentro de mim. Respira dentro de mim…».

Destino que mueve al poeta desde el inicio del mundo conocido y que se convierte en un viaje de ida que tendrá que ser recorrido a la inversa por el autor seis siglos después, con todo el equipaje que su memoria y alma pueda soportar, para llegar a dar sentido a su existencia en el Viejo Mundo que sus padres alguna vez habitaron: «Me deixas-te calar em ti sentimentos que em mim haviam morrido no século 15, quando sai de mim em busca do que me era permitido viver».

Ojalá mi admirado y ya querido poeta, Álvaro Alves de Faria, llegue pronto a habitar en ese reino mágico de su memoria y que, como usted dice «Ordenará sonhos. Poderá ordenar silêncios. Também dores. Ordenará as tardes e as chuvas. Também ordenará cicatrizes.

Ordenará a saliva da boca. O espanto». Ojalá su alma se complete con las piezas del puzle que le faltan y sus anhelos se conviertan en vida. Ojalá todos los que buscamos nuestros mundos de leyendas, canciones antiguas, historias contadas por abuelos y paisajes diferentes encontremos la belleza alguna vez.

Mientras tanto, querido poeta, nos quedan los versos y los sueños.

Con mi mayor respeto y cariño,

Montse VILLAR GONZÁLEZ

Este comentario a Cartas de abril para Júlia (São Paulo, Pantemporâneo, 2011), de
Álvaro Alves de Faria, será publicado en noviembre de 2013 en Um poeta brasileiro
em Portugal, coedición de la editora brasilera Letra Selvagem, de São Paulo, con
Temas Originais, de Coimbra.


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