Frágil, de Basilio Sánchez


La escritura, para alguien como yo que en la adolescencia tuvo que bregar con las dificultades del lenguaje y la comunicación abocándolo como única salida a las ciencias y a la medicina, siempre ha sido para mí la verdadera extranjería. Escribir ahora me hace ser y estar donde nunca he estado ni he sido. Es desde esta orilla, desde este extrañamiento, de donde surge este poema de raíz autobiográfica.

Frágil

Se va haciendo de día.
Un pájaro doméstico sube por un andamio de glicinas y entra por la
ventana de mi cuarto.
La luz de la mañana va descargando el peso de las cosas. Dentro de unos
instantes hasta un niño podría desplazarlas.
Una mujer que canta ha cerrado la puerta de su alcoba, pero yo me he
quedado con su voz. Escribir, si pudiera, como el que se abandona a las campanas
un domingo de pájaros; como lo hace el paisaje sobre la lentitud de lo que existe
en el amanecer de los pastores; como lo haría yo mismo si en el lugar en el
que vivo se levantase ahora, ante mis ojos, con sus altas terrazas y sus árboles
intensamente azules, la ciudad recobrada, la surgida de las devastaciones, la
que acogió primero al ángel de la culpa y luego al ángel tranquilo de lo simple, el
misericordioso.

¿Yo escribiendo poesía?, me pregunto de pronto removiéndome en mi
ensimismamiento de adolescente solo, quebradizo, que apenas sabe hablar.