Los poemas privados, de Eloísa Otero


Hace unos años me dio por escribir pequeños poemas en gallego, idioma de la República de Sitio Distinto en el que siempre seré una advenediza. Los llamé «nanas castrapeiras» (en alusión al «castrapo» o «galego mal falado»). Enseguida los cuadernos se llenaron de frases y citas, de anotaciones al vuelo de una música y un pensamiento fundidos en la búsqueda verbal de una nueva voz con la que susurrar apenas todo eso que uno no sabe, no puede o no quiere decir. Supongo que de alguna manera, en aquella época, me sentía huérfana en mi propia lengua para arrullar a algunos de mis seres queridos, casi como un can abandonado al raso en una de esas bateas que flotan sobre las rías.

Abro ahora ese manuscrito que abandoné en su día, desordenado y con erratas, y me topo con las primeras versiones de algo que reconozco apenas, con versos que fueron y luego se transformaron, plagados de tachaduras, rotos para ser otros… Compruebo que de ahí salieron unos cuantos poemas que al final vieron la luz en castellano, con el título de Los viajes, y unas nanas que le dediqué a mi sobrina Guadalupe cuando nació… Pero en ese manuscrito también encuentro otras historias que definiría como secretas, privadas, escritas en clave más que en gallego, y en su mayoría dedicadas a mi madre, tristísima entonces.

Ahora sé, como escribió John Berger, que «una voz pertenece, en primer lugar, a un cuerpo, luego a una lengua. La lengua puede cambiar, pero la voz seguirá siendo la misma».
También sé, como dice Olvido García Valdés, que «un poema es un lugar raro en el que se guarda la vida».

Leo a la poeta gallega Chus Pato:

é privada a lingua que o poeta utiliza cando configura
o interior do poema?
existe un exterior?
é privado?
a linguaxe é un labirinto de camiños
un tráfico

Le doy vueltas al sentido de «privado» (íntimo, secreto, personal / desposeído, despojado, carente…). Pero me quedo con esa idea de que «el lenguaje es un laberinto de caminos, un tráfico». Así que me grito a mí misma ese verso de Xohana Torres: «¡Eutamén navegar…!» y me dejo llevar por las palabras que arrullan:

hasta virar a casa,
el cuartito, un renglón
y tú seguido

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