Poemas viajeros de la India, de Nuño Aguirre


Lo que sigue es un extracto de un libro de poemas viajeros escritos en India desde mediados de 2012. El título hace alusión a la tumba de Ghalib, el poeta urdu por excelencia que está enterrado a escasos metros del sepulcro del santo sufí Nizamuddin Auliya, en Nueva Delhi. Pasear por esas callejuelas es como sumergirse de golpe en el siglo XIII, pero con las marcas de la degradación y la pobreza de las grandes ciudades de nuestro tiempo. Un lugar poderoso y complejo, en donde tuvo lugar un intenso proceso de sincretismo cultural, y que aún hoy en día sigue desafiando las convenciones. En palabras de un viajero pakistaní contemporáneo, Raza Rumi, en su libro Delhi by Heart: «El recinto del dargah de Hasrat Nizamuddin, que abarca años de tradición sufí, abierto a todos sin importar la casta, el credo, la religión o la clase (aunque no siempre el género) durante las veinticuatro horas del día, continúa desafiando las ortodoxias hindú y musulmana. Era heterodoxo entonces y lo es ahora; un poco extraño en nuestra era actual de islamismo y hindutva».
 
Los poemas de este libro buscan dar cuenta de los vaivenes del ánimo mientras la mente se impregna de lo ajeno, choca y se abre a lo extranjero, se extraña. Son monólogos en los que dialogo internamente sobre mi experiencia vital en India, y están escritos desde un punto intermedio entre la fascinación del viajero, la comprensión del estudioso y el aquietamiento interior propio de la contemplación. En ellos condenso mi propia vivencia y trato de proyectarla más allá de la historia individual, al tiempo que intento ampliar el imaginario colectivo acerca de lo que es el subcontinente indio para el público en español, mostrando facetas de la civilización india actual que se alejan de los estereotipos culturales habituales.

Delhi. Tumba de Ghalib, 18 de julio de 2013

 

Me sorprendo de lo que escribo

El sentido es fragmentario, como una vasija rota.

Hay piezas que faltan.

Porque no están.
Porque no las escribo.

Vengo a ellas y me extraño, y no las
toco.
Las dejo esparcidas por el suelo.

*****

 

Una capa fina de sudor
aposentándose,
barnizando esta calma.

******

 

Y se produce el milagro, como cada vez.

Los versos fluyen, la atención
alineada
va goteando palabras,
dando cuenta de mi
lento
pasear
entre las sensaciones.

*******

Prestar atención
a quien sufre,
a lo que sufre en quienes tengo enfrente.

No bullen, ni se amontonan.
Eso son metáforas.

Están muy juntos, eso sí,
en su sufrimiento.
Solos, aislados, todos tan
cerca.

******

 

Hay puestos de mangos y basura

y belleza amontonada,
junto a mutilados que se abanican a la sombra.

Tumba de Ghalib.

Rechazar lo exótico.
Descolonizar la mirada.

*******

 

Notas dispersas en el dargah de Nizamuddin

De repente, como despertando de un sueño, se abre el techo, entra la luz:
el recinto de la tumba del santo.

Inmóvil, como un goteo, me acumulo en una esquina.

Dejo todo pasar, no lo aprieto,
ansioso
en las palabras.

Dejo que se me escape,
que se pierda para siempre este momento.

*******

 

Imposible dar cuenta de todo
lo que sucede afuera.

Sentado en el suelo
mientras la gente reza

abandono la página.

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