Reflexión sobre la no identidad, de Violeta Medina


Mi último libro, que presentaré el 4 de octubre, se titula Nos habita (publicado por Meninas Cartoneras), se trata de una edición trilingüe, con portadas de retales cosidos a mano por mujeres del taller de la Fundación Colores de Calcuta), en conjunto con la poeta italiana Laura Pugno y el poeta canadiense Francis Catalano. Nuestro tema es el «desarraigo» y lo que nos habita cuando estamos fuera de nuestros países. En mi caso, lo que me habita es un «pez-geisha», personaje que desarrollo poéticamente para hablar de lo híbrido, de la fuerza, de las ganas de quebrar la pecera que son los espacios y la memoria. De la necesidad incluso bella del sentido de no pertenencia. Y eso es un «nido» en el que se han incubado mis versos. El lugar físico me importa poco, el imaginario, el de donde se respiran las palabras y el emocional es el mío.
Para mí es decisiva la influencia de Gonzalo Rojas, premio Cervantes 2003. Durante años gocé de su amistad, de poder compartir su mirada hacia el mundo, una mirada abierta, llena de «cuerdas poéticas» que se reiteraban en toda en su obra y en la cual la geografía era la humana. Los recuerdos, más que los lugares.