Pilar Blanco


Foto: César Gavela

Sin meterme en once varas filosóficas, pienso que vivir es irse. Dejar atrás personas, paisajes, lo que fuimos. Pues instalarse definitivamente en todo es como acotar la parcela donde acostarse a morir. Por eso, quizás, los que aquí estamos salimos un día de nuestra viñeta berciana a mundear y en ello andamos.
Aunque a andar empecé en Bembibre hace ya algunos años; y de ahí a estudiar a León y Salamanca Filología Hispánica, detrás de la llamada imperiosa de las letras. Trabajé durante un año en Vigo y luego oposité en Alicante, donde vivo y no oro y sí laboro, concretamente en la enseñanza, labor de abrir caminos para otros. Y luego está la poesía. Pero no detrás.

«Irse. Andar. Caminos»: los libros

Libros porque no se es del todo; para andar en compañía siempre más alto, más lejos. Caminos que no se acaban con el que escribe. Que continúan en otros ojos y en parecida andanza. Irse de pura vida.
Soy poeta de diez libros y los que aguardan en su silencio y su manar. A excepción del primero, Voz primera, todos llevan la sal y el azul mediterráneos entre sus versos, pues si, como decía arriba, vivir es dejar atrás, es también abrazar nuevos paisajes y amores nuevos.
En la memoria llevo todo El Bierzo que necesito. Y todo el mar posible. Por eso los frecuento poco. Creo en los adentros y no en la exhibición de estirpes y adeenes. En el sentir profundo y no en el escaparate bullanguero. Porque mis patrias son y serán siempre, resida donde resida, mi memoria, mi lengua y el amor de los míos. Los que vienen conmigo.

Contribuciones

Número 5 – Escribir en la inasible orilla del horizonte: Dentro del Gilgamesh
Número 5 – Escribir en la inasible orilla del horizonte: En alas del viento. Mitos, viajes, ícaros y poesía