El observador, de José Félix Valdivieso


El tipo observa.

Hay gente que se interesa por el tipo observando. No se interesa especialmente por las cosas que observa, sino por esa actitud observante. Hay otra gente que se interesa por la gente que se interesa por el tipo observando.

Se entendería que el tipo observara cosas, que prestara especial atención a alguna cosa, que incluso fuera un freaky de una de ellas. Sin embargo, llama la atención que tan sólo mantenga una actitud genérica observante. Es lógico, por tanto, que se sospeche. La seguridad está en juego, y no se puede andar uno con tolerancias de cualquier tipo –se proclama―.
La otra gente se preocupa de que siempre haya algunos que se erijan en voceros de todos los demás. Esta otra gente está harta de que la libertad esté siempre en juego.

El asunto se complica. No sólo porque el tipo sigue observando, sino porque usted y yo, que quizás no seamos ni de una ni de otra gente, cosa por otro lado imposible, nos preguntamos ahora qué carajo andará el tipo observando. ¿Es que se cree que por observar es más tipo o más listo que nosotros? ¿Qué se habrá creído? ¿Verdad que estas preguntas le parecen a usted muy bien puestas? Pues claro, eso mismo me parece a mí. Además el asunto se complica porque hay dos maneras de enfrentar el mundo, dos maneras de mirar al tipo que observa, y no se lo pierda, alguien parece advertir que aparte de todo esto también pudiera ser que fuéramos todos simplemente prisioneros de un panóptico, esa cárcel ideal en la que un vigilante observaría a todos los prisioneros sin que éstos pudieran saber si están siendo observados o no. ¿No es todo una locura?

Centrémonos. Ahora, el problema es que el tipo sigue observando. Y lo que está ocurriendo es que nosotros no podemos dejar de pensar en que hay un tipo observando. Se precipitan los acontecimientos una vez que hemos establecido el marco en el que han de desenvolverse los hechos. Ese marco está bien fijado: todo aquello que pueda mínimamente afectar a la seguridad del país estará por encima de cualquier garantía jurídica. Lo primero ha de ser garantizar la supervivencia del grupo. La pregunta estaba al caer mucho antes de que la formulemos, aunque ahora ya es inevitable hacerla ¿Será un terrorista, un antipatriota? ¡Qué más da! ¿Será algo? Sin duda. Es imposible que alguien esté impasible sólo observando, y si lo está, lo que está claro es que está tramando algo. ¡Resulta tan evidente! Es la más elemental regla de la seguridad que alguien que tiene pendiente a todo el mundo de lo que hace, no puede estar haciendo nada bueno. ¿No le parece?
De repente, el observador irrumpe, como si volviera a la palabra y quisiese intervenir. Dice que quiere ir más allá del marco, que su función es pensar radicalmente fuera de donde todos están pensando… Parece establecerse un diálogo:

―La neurociencia nos dice que cada uno de nuestros conceptos –los conceptos que estructuran nuestro modo de pensar a largo plazo― están incrustados en la sinapsis de nuestro cerebro. Los conceptos no pueden cambiarse simplemente porque alguien nos cuente un hecho. Los hechos se nos pueden mostrar, pero para que nosotros podamos darles sentido tienen que encajar con lo que está ya en las sinapsis del cerebro, tiene que encajar con lo que previamente creemos. De lo contrario, los hechos entran y salen sin ningún efecto― dice el observador, citando casi de memoria.
―Abrevia, tío ―le dicen.

El asunto queda así. Por mucho que nos pongamos benignos y liberales acerca de este tipo que realiza una actividad que consideramos no ajustada al patrón acostumbrado, no sólo nos va a seguir dando fastidio pensar en la actitud genérica observante del tipo, sino que además será inevitable seguir sospechando de él, porque de otro modo no nos daría fastidio ―razonamos rápidamente―. Lo que pasa es que es necesario actuar con rapidez. No da tiempo a pensar. La dilación podría tener consecuencias desastrosas ―se informa―. ¿Verdad que todo da igual, y que lo único que molesta ya es ese tipo observando?

¡Fuera con él! ―es lo último que oye.

Foto: Erdem Gunduz, el standing man