Tres ventanas y En el jardín de las Brönte (Haworth), de Yolanda Soler Onís


Estas tres ventanas son los paisajes que ilustran el último de mis viajes, que comenzó en mi casa de Lanzarote en 2005 y que, tras llevarme al corazón del Mánchester victoriano, hace escala ahora en Varsovia.

El viaje termina por convertirse en seña de identidad, en un estado de conciencia para quien, como yo, se sube a un avión a los seis años para cambiar el norte por el sur, la familia por lo desconocido y los prados por los arenales (Comillas / Playa del Inglés 1971). Viví treinta y cuatro años en las Islas y nunca pude ser escritora canaria porque había nacido en Cantabria: no me querían en las antologías de jóvenes poetas ni en las Palmas ni en Tenerife. Así que busqué la patria en la infancia como en su día hizo Rilke, hasta que una mañana de noviembre de 2005, paseando por los jardines de Saint John en Mánchester, descubrí el placer de ser extranjera donde corresponde.

La experiencia del desarraigo en la infancia y la adolescencia me abrió otros horizontes, que ahora comparto con amigos poetas, editores, traductores que hablan otras lenguas, en la casa común de la literatura.

Durante este último viaje que me trajo desde Lanzarote a Polonia, he seguido las huellas de las Brönte en Haworth; encontré, con Laura Freixas, la tumba de Sylvia Plath en Hebden Bridge donde poco después conocí a Ángela Jarman y Tony Ward, editores sin fronteras con los que volví a coincidir en Lituania. Allí estaba también Dennis O´Driscoll, que me honró con su amistad y con la oportunidad de traducir su poesía. Poeta y ser humano extraordinario que, al contrario de lo que sucede en su poema Someone, me escribió horas antes de morir para despedirse.

En Varsovia mis poemas se convirtieron en otros porque resulta imposible continuar escribiendo lo mismo tras sentir esta ciudad, en la que de todo lo que un día fue sólo el cielo permanece. Un cielo que ha sido testigo de las lecturas de los clásicos polacos, de la gestación de la extraordinaria novela de David Toscana La ciudad que el diablo se llevó o de los encuentros con el gran poeta Eugeniusz Tkaczyszyn-Dycki, de la mano de Marta Eloy Cichocka.

 

En el jardín de las Brönte

 

En la tumba de Sylvia Plath

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