[Escucha], de Blanca Andreu


Escucha, escúchame, nada de vidrios verdes o doscientos días de historia, o de libros

abiertos como heridas abiertas, o de lunas de Jonia y cosas así,

sino sólo beber yedra mala, y zarzas, y erizadas anémonas parecidas a flores.

 

Escucha, dime, siempre fue de este modo,

algo falta y hay que ponerle nombre,

creer en la poesía, y en la intolerancia de la poesía, y decir niña

o decir nube, adelfa,

sufrimiento,

decir desesperada vena sola, cosas así, casi reliquias, casi lejos.

 

Y no es únicamente por el órgano tiempo que cesa y no cesa,

por lo crecido, para lo sonriente,

para mi soledad hecha esquina, hecha torre, hecha leve notario,

hecha párvula muerta,

sino porque no hay otra forma más violenta de alejarse.