Caligrafía, de Luis Arturo Guichard


A veces pienso (pero el orgullo

me censura de inmediato)

que a mí lo que en verdad me gusta

es ver la tinta corriendo cuesta abajo,

cruzando de uno a otro cuaderno.

Ver cómo aparecen calles que sólo reconozco

si las miro desde la altura de un niño en triciclo,

sentir otra vez aquel aire en la camisa

que hace años perdió los puños y la vida,

sentarme en plazas a las que no sabría volver

leyendo por primera vez el mismo libro.

Cosas simples que no requieran literatura.

A veces pienso que eso es lo que quisiera:

ser un buen calígrafo que extiende las letras

como mapas por los que se puede caminar

con el paso alegre del que no ha extraviado su camino.