[En mitad de la noche], de Menchu Gutiérrez


En mitad de la noche, el ojo de Newton se ha puesto a recolectar ojos que ha guardado en una cesta. Ojos de pájaro y de pez, de ciervo y de serpiente, de águila, de nutria… y muchos, muchos ojos de mosca. Luego los ha introducido en un almirez gigantesco y ha comenzado a remover y a ligar la repelente mezcla. Repelente, porque el ojo de la serpiente se sentía amenazado por el ojo del águila, y el ojo del ciervo recelaba del ojo de la serpiente, y todos los ojos se miraban entre sí con tanto temor como codicia.

Los ojos de mosca, desprendidas sus facetas, actuaban como aglutinante de una sola córnea sin iris ni pupila definidos. El ojo sin cuartel de la mosca ha obedecido al ojo de Newton sin hacer preguntas y se ha convertido en el perfecto aliado de su voluntad.

Mientras catarata y opacidad crecían, mientras los ojos estrellaban su negro espectro contra la roca lisa e ilimitada del almirez, decían todo el mundo; decían, sí, que ver es sinónimo de muerte.

El sonido dejó de interponerse a la visión, y en puro silencio el almirez dio a luz un ojo.

 

De El ojo de Newton, 2005