La coartada perfecta, de Milena Rodríguez Gutiérrez


Alguien entra en la Historia a medianoche,

no hace ruido al llegar, cierra la puerta.

Se sacude en la alfombra los zapatos,

echa un hueso a los perros vigilantes

(con un hueso no basta, tira otro).

De puntillas esquiva a los dormidos

(no hay peligro si duermen inocentes).

Sigiloso se pierde en la escalera,

sube pisos, acampa en la alta torre,

desnuda la pared, cuelga su escudo.

Desde el fondo, el espejo lo interroga.

―Yo siempre estuve dentro ―se convence.

Y ya tiene el testigo y la coartada.

Sólo queda esperar a que amanezca.

 

De El otro lado