Curiosity, de Milena Rodríguez Gutiérrez


Allá arriba no hay nadie. Ni en Marte, ni en Saturno, ni en la Luna, ni en ninguna de las no sé cuántas estrellas. Todo ocurre aquí abajo: los golpes, las preguntas, los brazos tendidos. Hasta la lluvia, que viene de por allá, cae en este lado. No, no hay nadie arriba. Pero qué bien mandar a alguien, alguien como nosotros, pero distinto; alguien ajeno al dolor, al transcurrir del tiempo, al pavor de lo extraño, a la escasez de aire. Alguien allí, por si acaso nos equivocamos. Alguien alerta, por si la noche nos quisiera responder. Alguien que se sienta a examinar las señales, a ser nuestros ojos y nuestros oídos. Alguien para tomar notas y contarnos mañana. Aunque cuente la quietud, el silencio, lo que no fue. Aunque ya no estemos para entonces. No, allá arriba no hay nadie. Sólo un robot trajinando por los cielos, como un Dios.

 

Inédito