La idea emocionada. Aforismo y poesía, de Miguel Ángel Arcas


A casi nadie le habrá pasado inadvertido en estos últimos tiempos la saludable y sorprendente revitalización del género aforístico en el ámbito literario español; un fenómeno que puede deberse a múltiples causas, pero que sobre todo ha traído un aire fresco y decididamente militante, propio de espíritus críticos y refractarios, al panorama actual de los géneros breves.

Hasta hace no mucho escribir aforismos era una práctica semiclandestina, una actividad tangencial de determinados escritores que, en un claro ejercicio de misantropía literaria, se daban a la creación de estos lúcidos artefactos. Sin embargo, en estos últimos años, la decidida apuesta de algunas editoriales y la mayor atención dedicada por no pocos escritores y poetas a la escritura fragmentaria, entre otros factores que veremos, han logrado que nos encontremos en un momento dulce en lo que al género se refiere.

Así, editoriales como Pre-Textos, Tusquets o Lumen han abierto en sus catálogos un lugar al aforismo, y otras, como Renacimiento, Cuadernos del Vigía y Trea, han creado colecciones específicas al respecto. Igualmente, es posible ver, en sellos como Amargord, El Gaviero, Hucanamo o Baile del Sol, libros dedicados al género. Tampoco podemos olvidar la importancia del territorio Internet en este resurgimiento. Son abundantes los blogs que, aparte de otras incursiones literarias, prestan atención al aforismo. Podemos citar, por ejemplo, Diario de un artista desencajado, de Juan Poz; Las esquinas del día, de Luis Valdesueiro, o Documenta mínima, de Raquel Vázquez y Francisco Rodríguez Coloma. También El verbo de Crátilo, que hasta 2010 llevaban Marcelo Posca y Javier Vicedo; o Perros en la playa, de Jordi Doce, y País portátil, de Carlos Marzal, estos dos últimos convertidos en plataforma donde sus autores van avanzando su obra aforística.

Pero no sólo es el incremento de publicaciones lo que caracteriza este renacimiento, sino que habría que analizar otras razones más vinculadas a los cambios producidos en el mercado editorial y a una necesidad de transformación de ciertos parámetros lectores; habría que fijarse, igualmente, en esa oscilación reflexiva y fragmentaria que ha adquirido la lírica actual y en las redes sociales, que están siendo un verdadero campo de ensayo de diferentes fórmulas en formatos jibarizados o reducidos al rango del tuit. Tendríamos que tener en cuenta el signo de estos tiempos, que se encarna en un discurso contundente y políticamente crítico; un discurso de carácter discrepante que es capaz de utilizar los más variados soportes y que enarbola la libertad como única condición expresiva.

Este número de PoeMad quiere emparentar la práctica del aforismo actual a la poesía. Vínculo este que no por histórico deja de ser, hoy por hoy, más intenso y natural que nunca. Desde el Romanticismo, pasando en nuestro país por la generación del 27, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Bergamín o Max Aub, hasta ahora, el aforismo ha sido siempre y mayoritariamente (aunque no sólo) cosa de poetas. Poesía y aforismo comparten características comunes, surgen de la misma pulsión elíptica y subjetiva, nos muestran la misma intensidad expresiva (ese sentir el pensamiento o pensar el sentimiento unamunianos), que lleva a reformular los términos de la realidad y a establecer otra mirada sobre el mundo. El yo aforístico se desdobla en una voz que se revela y articula en la disciplina de la ficción y muestra, como en el poema, un nuevo sentido de las cosas.

No pretendemos hacer, ni mucho menos, una antología del género. Aquí hemos reunido tan sólo a algunos de los aforistas más destacados en la actualidad. Todos ellos poetas. De la misma manera, hemos creído conveniente aportar textos críticos que ilustren y reflexionen sobre el género, escritos por especialistas y también por algunos de esos mismos aforistas, como ejercicio de reflexión sobre su propia práctica. Además, hemos recogido algunas muestras, llamémoslas «heterodoxas», realizadas en soportes no estrictamente normativos, como la viñeta, en el caso de El Roto, la pintada y el tuit, caso de Batania/Neorrabioso y también el recitado de voces, de la mano de Antonio Porchia, que muestran (concretamente en los dos primeros casos) cómo el aforismo es un género «intruso» en otras disciplinas, capaz de autonomía e instrumento de comunicación más allá del discurso literario.

Esperamos dar cuenta somera de un género robusto y creciente en el que querámoslo o no se encarnan algunas de las claves más decisivas de la estética y el pensamiento contemporáneos.

Para terminar, y a modo de feedback creativo, queremos invitar a los lectores a participar en este número de PoeMad. A través de Twitter, podéis enviarnos uno o varios aforismos de vuestra autoría, o bien aquellos otros que os gusten de otros autores, a @musaalas9, con el hashtag #aforismosM9.

Así, éste será un número en el que se justifique la verdadera razón poética de la existencia del lector: «un aforismo (o un poema) siempre se hace entre dos».

 


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