Nuevas hormigas blancas, de Jordi Doce


Nota del autor

Me gusta mucho la idea del poeta canario Francisco León de que «los aforismos no pueden ser tomados como leyes para los demás, sino como expresiones de deseo para quien los escribe». En mi caso, el aforismo tiene algo de cerilla que ilumina fugazmente un espacio oscuro antes de que una corriente de aire la apague: me gusta la dimensión moral que se desprende de un conjunto de fragmentos que se matizan y se refutan, se responden y conjugan parcialmente, pero me seduce también la idea del aforismo como enigma o chispazo misterioso, como hipótesis juguetona que permite, siquiera un instante, irse por la tangente.

   Siempre he desconfiado mucho de esos satíricos para quienes la diana es siempre el otro. La flecha impiadosa, cargada de mala leche y crítica feroz, para ser legítima y criticar a los demás, debe volverse sobre uno mismo. En mis libros abunda la autofustigación. También se juega con las personas verbales: muchas frases o entradas que aparecen escritas en segunda o en tercera persona estaban originalmente en primera, en parte para decir: quien escribe este libro es o podría ser uno cualquiera de aquellos a quienes se critica, aquí nadie está libre de ser examinado con rayos X, porque el primero que pasa por rayos X es uno mismo.

   Se me ocurre que si algo define a mis dos libros de notas es la desconfianza de los límites genéricos ―todo, poemas y aforismos, miniensayos y notas de diario, forma parte de un mismo impulso de escritura―, así como el deseo de economía, de cargar lo más posible las palabras sin perder legibilidad; buscar a la vez la concisión y la sugerencia, la exactitud y el chispazo, el fogonazo verbal.

 

* * *

 

Nuevas hormigas blancas

Se acomoda frente al televisor y comprende, de pronto, que está muerto. Las imágenes que aparecen en pantalla son la vida en directo de sus viejos amigos, el murmullo incesante de colegas y camaradas. Ahí están todos, la gente que ha quedado atrás; ahí está el hueco de sí mismo.

*

Sólo acepta una idea si sale rebotada de la pared, si vuelve a él con una mella.

*

El escritor, que cambia la mitad de sus huellas por palabras. Es su manera de no dejar rastro.

*

Por miedo a que el secreto le comiera por dentro empezó a hablar. Y ahora, de tanto hablar, se le ha olvidado.

*

Tapa una página del libro, por delicadeza, para que no le vea leyendo la página de al lado.

*

Sí, algunos no dejamos de tropezar en la misma piedra, pero siempre con la esperanza de salir rebotados a un lugar más interesante.

*

El miedo de la sangre conforme se aleja del corazón. El miedo de la sangre conforme se interna en las galerías oscuras de la carne.

*

Uno que ríe a carcajadas para mantener a raya a los demás.

*

Los latidos del corazón, esperando su gran momento, y luego ¡qué breve todo! Somos los legatarios de su decepción.

*

Cada tiempo concibe sus propios problemas.

*

Toma impulso hasta para callar.

*

Cuando todos tenemos opiniones, nadie comprende nada.

*

¡Cuánta obediencia! Siempre responde a quien pregunta.

*

Ese momento en que la frase se revuelve y te clava su aguijón por la espalda.

*

Allí, si nadie te mira a los ojos al menos una vez al día, mueres.

*

Máscaras que se ajustan a la perfección, hechas con todo lo que uno ha callado.

*

Caminó sobre sus propias palabras hasta llegar al principio.

*

Habla como si las palabras se deslizaran por la alfombra roja de su lengua. Reprimo de tal modo mis ganas de aplaudir que he dejado de oírle.

*

Cosas que sólo muestran su genuino valor al cubrirse de polvo.

*

Se saca el corazón y lo pone a volar igual que una cometa.

*

Dicen que la tontería se quita leyendo. Eso sí, no hay término medio. La alternativa es que se petrifique.

*

Vaya por Dios… No salgo de mi sombra.

*

Loan su rapidez, su agilidad. Pero es sólo la inercia de quien huyó corriendo.

*

Era un hombre de principios. No lograba concluir nada.

*

La biblioteca del paraíso nada en libros; la del infierno naufraga en ellos.

*

Somos más generosos con quien menos reclama.

*

El que habla de algún libro como pretexto para hablar de otra cosa es que no ha llegado a él.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *