El cazador de elefantes, por Mauricio Bacarisse


Hoy, a través de los años, se alcanza a ver que no hubieran podido convivir más tiempo. El chico travieso quería huir a toda costa. No quiero escribir las palabras de Gourmont relativas a Rimbaud. Son duras y ciegas. No quiero tampoco hacerme solidario del pensar de Paterne Berrichon, que culpa a Verlaine acremente. Tenían que separarse aunque no hubiera sucedido el lamentable incidente de Bruselas. Arthur Rimbaud poseía más audacia que apego. Verlaine era un náufrago. El uno fue el precursor del verso libre, el que después de encontrar un color para cada vocal quiso encontrar el movimiento de las consonantes en la gimnasia rítmica del verso, quizá su vibración, su longitud de onda. Cierto que sus significaciones fueron más ambiciosas y dominantes. Hay unos poemas en prosa en sus Iluminaciones, titulados «Ciudades» y «Cuento», que son la base fundamental de ese feliz y triunfador anhelo creacionista que estremece en estos días, cincuenta años después de aquellas composiciones, la espina dorsal de las cordilleras líricas. El otro fue el poeta de «Crimen amoris», el hombre doliente y amedrentado; corazón de crisálida, ferviente devoto de las metamorfosis. Le faltó la imaginación de Rimbaud y le sobraron regodeos y delectaciones en la sensación.

     Berrichon ha dicho que Verlaine, diez años mayor, fue el niño y Rimbaud, el hombre, el héroe, que Lelian le miró al alma, como si fuera un libro de Mayne-Reid o de Jules Verne, como a una tartarinada viviente y genial.

     Estando en Arabia aquella tromba de muchacho que no se aviene a ser capataz, empleado, director de factoría, concibe la empresa de reclutar gente para cazar elefantes y escribe al señor Devisme, de París, esta carta:

Señor:

Viajo por el país Gallas (Africa Oriental), y por ahora me dedico a formar una cuadrilla de cazadores de elefantes. Os quedaría verdaderamente agradecido si me informarais, lo más pronto posible, acerca de estos puntos:

  ¿Existe un arma especial para la caza del elefante?

  ¿Su descripción?

  ¿Sus advertencias?

  ¿Dónde puede hallarse?

  ¿Su precio?

  ¿La composición de las municiones envenenadas, explosivas?

  Se trata de comprar dos armas así, como ensayo, y después de probarlas, quizá una media
docena.

  De V…

RIMBAUD

El número de puntos de interrogación dan el coeficiente de su impaciencia. Pero, de todos modos, aunque no valga lo que otros, esta carta es un lindo poema en prosa.