Mi bohemia (Fantasía) y Alba, de Arthur Rimbaud



Mi bohemia
(Fantasía)

Caminaba, los puños en mis reventados bolsillos,
mi paletó se convertía en ideal;
caminaba bajo el cielo, ¡Musa!, y te era fiel;
¡Señor! ¡Qué de amores espléndidos he soñado!

Mi único pantalón tenía un ancho descosido.
―Pulgarcito soñador, desgranaba rimas
por mi camino. Mi albergue estaba en la Osa Mayor.
Mis estrellas crujían dulcemente en el cielo.

Y yo las escuchaba, sentado al borde de los senderos,
esos bondadosos atardeceres de septiembre en que sentía gotas
de rocío en mi frente, como un vigoroso vino;

en que, rimando en medio de las sombras fantásticas,
como liras, tiraba de los cordones
de mi calzado herido, ¡un pie cerca de mi corazón!

De Poesía (1869-1871). Madrid, Alianza Editorial
Traducción de José Barbáchano Gracia

 
 
 
 
Alba

Estreché entre mis brazos al alba del verano.
 
     Nada se movía aún en la fachada de los palacios. El agua estaba muerta. Los grupos de sombras no se retiraban del camino del bosque. Caminé, despertando los alientos vivos y tibios, y las piedras preciosas miraron, y las alas se alzaron sin ruido.
 
     El primer empeño fue, en el sendero ya repleto de frescos y pálidos destellos, una flor que me dijo su nombre.
 
     Reí al ver al rubio wasserfal que se desmelenaba entre los abetos: en la cumbre plateada reconocí a la diosa.
 
     Entonces le quité uno a uno los velos. En la alameda, agitando los brazos. Por la llanura, donde la denuncié al gallo. En la gran ciudad ella huía entre los campanarios y las cúpulas, y yo, corriendo como un mendigo por los muelles de mármol, le di caza.
 
     En lo alto del camino, junto a un bosque de laureles, la envolví con los velos que fui recogiendo y noté un poco su inmenso cuerpo. El alba y el niño cayeron al fondo del bosque.
 
     Al despertar era mediodía.

De Las iluminaciones, en Una temporada en el infierno.
Las iluminaciones
. Madrid, Alianza Editorial
Traducción de Julia Escobar Moreno