El extravío de José Antonio Ramos Sucre, de Guillermo Parra


El primer poema de José Antonio Ramos Sucre que traduje al inglés fue «El extravío». Se encuentra en su penúltimo libro, Las formas del fuego (1929). Ese poema también fue el que me permitió acceder a la obra de Ramos Sucre. Aunque llegué a conocer la obra del poeta a finales de los noventa, en ese momento no pude apreciarla como lo hago ahora. No la entendí, o no estaba preparado para hacerlo todavía.

     Leí el poema una noche en la casa de mi papá en Caracas durante una visita en el 2008. No sé por qué exactamente ese texto brilló con tanta intensidad cuando lo leí. Pero el efecto fue devastador e instantáneo. Me parece curioso especialmente porque en el último verso del poema el sujeto poético se une a una tertulia, y, ahora que pienso en esa noche, recuerdo que yo también había participado en una: «Me incorporé, sin decir palabra, a la tertulia de los abates incrédulos».

     Al regresar a Estados Unidos, traduje el poema y lo publiqué en mi blog. Pasé el año siguiente leyendo e investigando sobre la obra de Ramos Sucre, pero nunca pensé en traducirla, me parecía una labor que se encontraba más allá de mis habilidades reales. Ramos Sucre me intimidaba, y no pensé que me tocaría a mí traducirlo. Un año después, a finales de 2009 comencé a trabajar en la selección que se publicaría como Selected Works (University of New Orleans Press, 2012).

     Irónicamente, hasta el sol de hoy continúo trabajando en la traducción de Ramos Sucre al inglés. Preparo una segunda edición, ampliada, de Selected Works, además de preparar una edición completa y bilingüe de su obra.

     El filósofo y crítico literario Ludovico Silva fue uno de los intelectuales venezolanos que durante los años setenta promovió la obra de Ramos Sucre. Silva describe los elementos de la obra de Ramos Sucre que establecen su radical originalidad en la literatura venezolana de la manera que sigue:

Es un poeta hermético, en el sentido ritual y oculto del término, no lo es en el sentido histórico-literario del vocablo, pues su poesía está compuesta de una prosa diáfana, cristalina, de claros períodos y vocabulario relativamente simple […]. Es, en todo caso, un gran mago poético. El antiguo parentesco entre poesía y magia revive en él y se actualiza con grandeza.

Tanto Silva como el poeta y también estudioso de la obra de Ramos Sucre Francisco Pérez Perdomo han reflexionado sobre las influencias que permean la obra del poeta venezolano, incluyendo la de los simbolistas franceses, en particular los poemas en prosa de Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud. Cuando llegó el momento de publicar la versión final en inglés, mi editor en University of New Orleans Press, el poeta Bill Lavender, decidió usar un fragmento del prólogo de Francisco Pérez Perdomo (1930-2013) que traduje para esa edición, como el blurb que abre la contraportada. Creo que funciona como una interesante presentación para los lectores angloparlantes:

Sus poemas son cruzados por conjeturas y fábulas, símbolos, alegorías y presagios, maldiciones, ritos, liturgias, costumbres crueles, consejas y leyendas, suplicios extravagantes, mujeres desvaídas, plagas y venganzas. Un vasto mural de espanto y de muerte, hechizado.

La aventura de traducir a José Antonio Ramos Sucre se sustenta en una cuidadosa investigación sobre su obra. Intento reproducir «ese mural» fidedignamente: «Wordlessly, I incorporated myself to the discourse of the incredulous priests».