La torre de Timón, de José Antonio Ramos Sucre


Con motivo del número de junio que la revista Poemad dedica al poeta venezolano José Antonio Ramos Sucre, Musa a las 9 publica en formato digital, en su colección Minúscula, La torre de Timón (1925).

Sinopsis

José Antonio Ramos Sucre es uno de los poetas más originales de Venezuela. Su prosa poética irrumpe en la modernidad a través del retrato de un mundo pretérito, de exaltación fantástica, que entronca con el mito. Los protagonistas de estas estampas son un grupo de personajes extraviados y solitarios que, en un juego de otredad del doliente poeta, transitan y se demoran en una civilización regida por las fuerzas del mal: ausentes, habitan en una naturaleza perturbadora, sometida a la tiranía de un sol violento e implacable. Así, la crueldad, emblema del pensamiento negativo, aflora como único revulsivo posible: «Yo adolezco de una generación ilustre, amo el dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última, que sirve para destruir un mundo abandonado al mal». Con un lenguaje riguroso y acendrado y una poderosa imaginación, Ramos Sucre esboza en La torre de Timón una poética que desarrollará con fidelidad a lo largo de toda su insólita obra literaria.

Ficha técnica

ISBN epub: 978-84-15222-97-2
ISBN mobi: 978-84-15737-19-3

 

Nota biográfica

José Antonio Ramos Sucre nació en Cumaná en 1890. Creció en el seno de una familia noble, con cierta inclinación literaria y humanística. Fue un niño precoz y estudioso que se interesó desde temprana edad por los idiomas clásicos. La disciplina y el deleite por el estudio fueron constantes a lo largo de su vida, así lo señalaban sus amigos ―«en él, el saber constituía un morbo»―, y él mismo afirmaba que «el estudio es mi único consuelo»: su erudición se vio acrecentada notablemente cuando se trasladó a la capital, Caracas, para iniciar sus estudios universitarios. Además de su vehemente y próspero autodidactismo ―se doctoró en Ciencias Políticas, acrecentó sus conocimientos de lenguas foráneas con el aprendizaje del sueco, portugués, danés y holandés―, y pese a su carácter introvertido y solitario, Ramos Sucre participó de los círculos culturales de la época en la capital. La angustia y el insomnio lo persiguieron durante años ―«La vida es como uno la piensa: luego si uno la piensa mala, se vuelve loco de desesperación»―. Puso término a su vida en 1930, cuando apenas había cumplido cuarenta años.

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