Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral: plagiarios de sí mismos, de Carme Riera


(Algunas notas sobre la relación entre prosa y verso)

Uno de los rasgos que comparten los poetas de la escuela de Barcelona, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo es, sin duda, la voluntad antirretórica. A menudo a esa voluntad antirretórica se une el interés por dar al poema el tono de una conversación entre amigos, tratando así de borrar las fronteras entre prosa y verso. Prueba de ello es que muy a menudo, tanto Jaime Gil como Carlos Barral salpican su prosa de versos propios, autoplagiándose.

Es Jaime Gil el que nos ofrece más ejemplos, la mayoría tomados del Diario del artista seriamente enfermo. En Compañeros de viaje, tres poemas acogen versos que encontramos también entre las páginas en prosa del Diario. Se trata de «en el muro color paloma de cemento» («Arte poética»), que corresponde a una descripción de Barcelona consignada por el autor en una carta a Paco Mayans: «Barcelona, color paloma de cemento».[i] En la misma carta a Mayans aparece «en esa zona de luz que hay entre la oficina y la noche»[ii] y en el poema «Lunes»: «Tú y yo en este lugar, en esta zona / de luz apenas, entre la oficina / y la noche que viene». De otra carta, esta vez a María Zambrano, procede «el mejor de los mundos imposibles»[iii] que se recoge en el verso 34 de «Las grandes esperanzas», «al mejor de los mundos imposibles».

Cinco poemas de Moralidades nos proporcionan versos que se esconden entre la prosa de su Diario. «De aquí a la eternidad», el poema en que Gil de Biedma cuenta su llegada a Madrid desde Barajas, se prosifica en el Diario y coinciden ambos textos en las referencias olfativas: «Acercándome olores  / de jara de la sierra», leemos en el poema y en el Diario, «Es el olor de jara del Guadarrama, cada vez presentido».[iv] «La novela de un joven pobre» a quien dan cuerpo Pacífico Ricaport y un tal Pepe, camarero de «Boliche», de cuyo encuentro fortuito ofrece datos  Gil de Biedma en su Diario, provoca en los dos textos una reflexión semejante: «Porque no le ha bastado con ser inteligente y guapo: ha tenido que ser pobre, además, y haberlo sido siempre y saber que nunca dejará de serlo»[v] «Porque era pobre y muy sensible / y guapo además, que es peor, / sobre todo en los países  / sin industrialización,». El cielo «puro y profundo» y «las nubes y la luz baja que invitan a entrar definitivamente en la habitación»,[vi] con que Gil de Biedma se refiere a la llegada del otoño en Nava de la Asunción, se plasman en el poema «Un día de difuntos»: «En estas tardes últimas de julio / pesarosas, cuando la luz de color de acero / nos refugia en los sótanos, / quiero yo recordar un cielo azul de octubre / puro y profundo de Madrid». Del mismo modo, el recuerdo «del veloz crepúsculo en los trópicos» [vii] se trueca en «Durante la invasión» en: «Oh Cuba en el veloz amanecer del Trópico». «Pandémica y Celeste», el verso 53, «un olvidado sabor a sí mismos» es tomado de un fragmento del Diario: «Lo que yo adoraba era el momento aquél, no el sabor de un sabor a sí mismo».[viii] Los textos de Poemas póstumos apenas guardan relación con el Diario, puesto que la redacción de éste es bastante anterior a la composición de aquéllos. Tan sólo dos versos tienen su correlato en prosa. Se trata de «Encontrar en la cama otro cuerpo» («Ultramort») que el Diario recoge sin modificación: «Encontrar en la cama otro cuerpo, después de tantos meses de dormir solo, temí nuevamente me disparase».[ix] Y «La calle Pandrossou», el poema cuyo final es: «Me acuerdo que de pronto amé la vida, / porque la calle olía / a cocina y a cuero de zapatos», posiblemente provenga de otro recuerdo anterior de Salamanca que, según se desprende del Diario huele «a cocido y cuero recién curtido».[x] Tanto algunos versos de Moralidades como otros de Poemas póstumos, aparecen entre las líneas de dos artículos escritos entre 1964 y 1965. Se trata de «Revista de bares» y «De mi antiguo comercio con los héroes». Del primero extraemos: «Europa anterior al milagro alemán»,[xi] que se incluye luego en el verso 51 de «Elegía y recuerdo de la canción francesa» y, más adelante, «Ocurrió que la vida a partir de cierto momento no sólo empezó a resultar demasiado mezquina para ser cantada en un poema épico sino también demasiado confusa para explicarla por carta»,[xii] que la composición «En una despedida» recoge de este modo: «Después pasan los años y la vida / (demasiado confusa para explicar por carta)». El mismo artículo proporciona, a su vez, el verso «Nuevas disposiciones de la noche»[xiii] con que se inicia «Nostalgia de la boue». En «De mi antiguo comercio con los héroes» se lee, «soldados de la guerra perdida de la vida»,[xiv] que en singular «soldado de la guerra perdida de la vida» constituye el verso 30 de «Artes de ser maduro». Y el final del artículo, «el hombre se venga de sus sueños corrompiéndolos»[xv] se aprovecha para terminar el poema «Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma»: «Aunque acaso fui yo quien te enseñó / quien te enseñó a vengarse de mis sueños, / por cobardía, corrompiéndolos». Tanto el artículo «Revista de bares» como «De mi antiguo con los héroes», después reproducidos en El pie de la letra en la sección «Variedades», ven la luz en la revista Don [xvi] en los números 5, 6, 7, 8, el primero y en el número 6 el segundo, entre 1965 y 1967. «Revista de bares», llamado así cuando se integra en el volumen de ensayos, se recoge en la revista Don bajo el pseudónimo de Silvino Elorquiz y «De mi antiguo comercio con los héroes», bautizado en la revista Don con el título de «Nuestro viejo comercio con los héroes», va firmado con el de Manuel Asier. Los artículos se escribieron exprofeso para ser publicados en Don, entre 1965 y 1967, como ya hemos advertido. No obstante, los dos fragmentos que nos interesan de «Revista de bares» y el artículo «Nuestro viejo comercio con los héroes» aparecen en 1965, concretamente en abril y otoño, en los números 5 y 6 de Don, de manera que han sido gestados en el mismo año que «Nostalgie de la boue», «Contra Jaime Gil de Biedma» pero después que «En una despedida» (1962) y Elegía y recuerdo de la canción francesa (1962), lo que indica que no siempre el verso es anterior a la prosa sino que, a menudo, sucede al revés. Lo mismo ocurre con los poemas que tenían que ver con los fragmentos del Diario. Tan sólo los de Compañeros de viaje guardan relación cronológica exacta con la composición del Diario de 1956; los que pertenecen a Moralidades son posteriores, ya que van de 1959 a 1964. Del mismo modo, en las Memorias de Carlos Barral aparecen algunos versos paseándose entre las líneas de su prosa, pero en este caso siempre los versos son anteriores a la prosa y no, como ocurría en algunos ejemplos de Jaime Gil, coetáneos. Naturalmente tanto Años de penitencia como Los años sin excusa se relacionan mucho más directamente con Diecinueve figuras de mi historia civil, que cualquier otro libro ya que cumplen con el mismo propósito.[xvii] De ahí que la mayoría de versos incluidos procedan de ese poemario. Algunos son reconocidos y señalados por el autor, como por ejemplo, «Cuando sestea la disciplina,[xviii] que procede de «Baño de doméstica» o «nuestras familias demacradas»[xix] que sale de «Las Alarmas». En otros casos, Barral no se entretiene en emplear la bastardilla, como por ejemplo en «Aquel patio de pelotas de trapo»,[xx] que coincide con el verso de «Los P.P. y el verano» o de «Las pasiones de la inteligencia», que procede de «Hombre en el mar» y se reitera en las páginas de Los años sin excusa [xxi] o la transformación que nos muestra el verso «pensamos a través de un personaje» de «Hombre de mar», cambiado en «experiencias vividas a través de un personaje»,[xxii] y el título de un poema, «Apellido industrial», que pasa a «apellidos industriales» en Los años sin excusa.[xxiii] Por lo que respecta a otros textos poéticos de Barral, de Metropolitano a Usuras y figuraciones (1979), la relación con su obra en prosa no es tan directa, aunque algunos versos o medios versos se enreden entre las líneas en prosa. Algunos, como ya ocurría con Diecinueve figuras de mi historia civil aparecen en cursiva o entrecomillados, como préstamos de poemas señalados por el propio autor. Así ocurre con el verso de «Torre en medio» (Metropolitano), «las medias solas», que aparece luego referido a la muchacha de servicio que los prestó muy íntimos al joven hijo de familia, evocada en Años de penitencia:

En cambio recuerdo como duraderas ciertas impresiones: la de  maravillante descompostura de un cuerpo  de mujer, con esas «medias solas» que he puesto en el poema.[xxiv]

A las «medias solas» o a las «solas medias» se hace referencia más adelante, en el mismo libro. Esta vez las lleva una prostituta [xxv] y en Penúltimos castigos el escultor se extasía a menudo ante las «medias solas» y las « botas solas» de sus amantes.[xxvi] La referencia a las «medias solas» era común al grupo y, al parecer, originaria de Gabriel Ferrater. El verso «vegetal dormidos», de «Ciudad mental», aparece también en Los años sin excusa, recordado por el autor al evocar el barrio desierto, a altas horas de la madrugada, cuando paseaba con el perro Argos.[xxvii] En Usuras y figuraciones, concretamente en el poema «La cour carrée (Fin de escala)» leemos «y el latón de república», verso que se repite en Los años sin excusa, recordado por el autor al evocar el panorama de la posguerra: «Ni el latón de república, ni la grandilocuencia revolucionaria tenían muchas oportunidades de manifestarse».[xxviii] Otro medio verso, «en el azul de Patinir», de «Cercanías del Prado» se encuentra entre la prosa de Penúltimos castigos:

En una noche muy clara del equinoccio de un azul de Patinir que, claro está, hacía pensar en Caronte.[xxix]

El «azul ingenuo» del poema «Estancias sobre la conveniencia de pintar las vigas de azul» (Usuras. Cuatro poemas. 1966) aparece en Años de penitencia al rememorar «las vigas y los postigos de pino pintadas con el azul ingenuo e implacable, típico del país».[xxx] El «viejo vellón flamante» de «La dame a la licorne» (Usuras y figuraciones), «Figuración del tiempo», es «el vellón rojizo de Nuria» en Penúltimos castigos.[xxxi]También los versos del mismo poema:

O renuncia y corrómpenos. Recoge precipitada el pantalón crujiente y póntelo y la blusa de colores.

aparecen referidos a una criada de Gerard «Vestida con unos jeans desteñidos y una blusa de colores rabiosos».[xxxii] Y el final del poema, «como si nunca hubieras sido nadie», aparece dedicado al autor de las memorias mínimamente variado: «como si definitivamente hayamos sido nadie». Los versos de «Ciudad mental»  «Era el hotel, la casa / experta en vez de rápido desnudo» encuentran eco en Penúltimos castigosdonde Barral, rizando el rizo, los pone en boca del narrador, su homónimo, al describirnos el «Hotel Suecia» de Madrid:

Tenía, además, no sé si por la pretensión de eficacia de los cuartos de baño o por el prestigio de la bandera, un cierto halo erótico. Me resucitaba el verso de Barral que dice más o menos: era el hotel de rápido desnudo, aunque podría referirse, claro, al hotel de Rambouillet. Pero no se refería seguramente a esta pensión y a una experiencia vivida en ella.[xxxiii]


[i] Diario del artista seriamente enfermo, Barcelona, Lumen, 1974, p. 29.
[ii] Ib. p. 30.
[iii] Ib. p. 23.
[iv] Ib. p. 50.
[v] Ib. p. 134.
[vi] Ib. p. 123.
[vii] Ib. p. 160.
[viii] Ib. p. 64.
[ix] Ib. p. 157.
[x] Ib. p. 12.
[xi] Citamos por la re producción en El pie de la letra, Seix-Barral, Barcelona, 1980, p. 222.
[xii]  lb. p. 227.
[xiii] lb. p. 232.
[xiv] lb. p. 209.
[xv] lb.  íd.
[xvi] La revista Don, la moda masculina española, aparece en Barcelona en la primavera-verano de 1963 con un formato lujoso. Se dedica en especial a la moda, aunque incluye reportajes («El ballet español», Sebastià Gasch, lo que opinan ellas de nosotros). A partir del número 4 (otoño-verano, 1964) se produce un cambio con la incorporación de Luis Marquesán al equipo. Se inaugura la sección I ideas Don, en la que colabora Gabriel Ferrater y Jaime Gil en «Sombra del paraíso», contestación a un cuestionario ideado por Auden. Entre 1965 y 1967, Jaime Gil colabora con bastante asiduidad. Barral lo hace una vez, en el número 6, con un reportaje náutico «Vacaciones en galera» y firma «El capitán Argüello». Juan Marsé cuenta con una sección, la de cartas, que naturalmente él mismo escribe y contesta. Jaime Gil firma algunos artículos con pseudónimo, los dedicados a los bares, por ejemplo, con el de Silvino Erloquiz. Emplea el de Isidoro Ducasse en un reportaje sobre Segovia y el de Manuel Asier en «Nuestro viejo comercio con los héroes», en el número 6.
[xvii] Véase introducción a Años de penitencia, Alianza tres, Madrid, 1975, pp. 9-11 con el poema «Discurso» de Diecinueve figuras de mi historia civil, Colliure, Barcelona, 1961.
[xviii] Años de penitencia, op. cit., p. 112.
[xix] Ib. p. 114.
[xx] Ib. p. 23.
[xxi] Los años sin excusa, Barral, Barcelona, 1978, p. 301.
[xxii] Años de penitencia, op. cit., p. 130.
[xxiii] Los años sin excusa, op. cit., p. 218.
[xxiv] Años de penitencia, op. cit., p. 113.
[xxv] lb. p. 125.
[xxvi] Penúltimos castigos, Seix Barral, Barcelona, 1984, p. 14.
[xxvii] Los años sin excusa, op. cit., p. 97.
[xxviii] lb. p. 176.
[xxix] Penúltimos castigos, op. cit., p. 118.
[xxx] Años de penitencia, op. cit., p. 58 y Los años sin excusa, op. cit., p. 78.
[xxxi] Penúltimos castigos, op. cit., p. 15.
[xxxii] Ib. p. 61.
[xxxiii] Ib. p. 147.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *