Analogía, por Juan Malpartida


El solitario lamenta una ausencia distante. Se consuela escribiendo el soneto difícil, en donde el análisis descubre a menudo un sentido nuevo.

     El solitario se pierde en las distinciones de su doctrina escolar y satisface los requisitos del arte cuando el ocaso pinta de negro el mirto y el ciprés y marca sus perfiles.

     La imagen de la ausente, de semblante excavado por la meditación y vestida de los matices del fuego, recorre la floresta de las arditas y de las gacelas en donde subsiste la memoria de la reina Ginebra.

     El solitario se embelesa en la transfiguración de la ausente y describe sus méritos, refiriéndose al motivo heráldico del lirio de hojas de acero.

José Antonio Ramos Sucre

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