[Tiré una piedra al pozo], de Fernando Beltrán


 

Tiré una piedra al pozo de tus ojos

aún no la oí caer,

puse luego el oído en el silencio

y acaricié una a una las heridas

cerradas de tu blusa,

la que siempre te pones para mí,

la que nunca te quitas para mí,

la que un día me abriste

a la altura del beso

y la mano que te ama

de repente

sorprendiendo en los búhos de tu pecho

el corazón enfermo de los hombres,

sus latidos más hondos,

esos grifos de amor tan mal cerrados

cuando llega la noche

 

De Amor ciego