El Laberinto (o aún queda una esperanza para mí), de Rafael Muñoz Zayas


 

Estoy esperando a que llegue el fin como los locos

a que el frío se adueñe de todo

a que el aire sople y me nuble

como se duerme a un niño

a que dentro de este laberinto

bailen cigüeñas

hojas de ortigas

y papeles sucios

estoy esperando a que llegue el fin

a que de un momento a otro caigan cometas

a que el cielo se desplome entre ángeles ciegos

a que dentro del laberinto

canten sirenas

ramas de encinas

y cuchillos sucios

estoy esperando a que llegue

a que todas las simas muestren sus puerta

a que del infinito destilen este rosario de invierno

a que dentro del laberinto vuelen elefantes

troncos de espinos

desiertos sucios

estoy esperando

a que todos los relojes transformen sus manillas

a que del espejo broten guirnaldas de fantasmas

a que dentro de este laberinto

se aclaren los misterios

se tensen todas las escalas

se abran las ventanas

se acerque por fin el principio

estoy esperando

no importa el tiempo que desde aquí

hace que me deslizo por la corriente

 

De Canto del mal soldado


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