Te llamaban el sabio y Buganvillas, reparaciones y humo, de José Agustín Goytisolo



 

Te llamaban el sabio

Lejanos te parecen hoy los días

de campamento en el asedio a Murcia;

olvidaste el aroma del azahar

la luz de las fogatas de tus hombres

y las canciones de los catalanes

y aragoneses de tu yerno En Jaume.

 

Pero estuviste allí como también estabas

en Jerez en Lebrija en Niebla de Cádiz:

no eres un perdedor pero sí un tanto inhábil

en cuestiones de hacienda y de gobierno;

se te esfumó el imperio alemán que pretendías

pero tuyo es el reino de las artes y letras

el reino de la ciencia y de los astros

de la historia y las leyes.

En Toledo

árabes y judíos se sientan junto a ti

mezclados con tu gente.

 

Allí tratáis

las cuestiones más hondas y los detalles nimios

del saber esparcido para juntarlo luego.

 

En soledad escribes cantigas a la Virgen

o canciones de escarnio para los que desprecias.

Te llamaban el Sabio –nombre que tú prefieres-

pues no dejas hazañas ni heroísmos

dignos de ser cantados.

 

Ahora tu propio hijo

se ha alzado contra ti: camino de Sevilla

-mientras tu corazón sigue en Toledo-

inútilmente tratas de recordar el rostro

de la esclava liberta que en el sitio de Murcia

iba y volvía de tu tienda real

a la ciudad cercada con mensajes y cartas

repartiendo su amor entre ti y tu enemigo.

 

Buganvillas, reparaciones y humo

Cuando salió empujándola

pulcro sin una arruga en su traje de ignominia

seguí sin entender cómo podía

ella aguantarlo: será porque le gusta

que la humillen.

 

En la iglesia

más allá del jardín se iluminaron

los tímidos vitrales de la misa de seis

de las Reparadoras.

 

Y aquí

reparan fuerza estos cretinos. ¡Oh Dios

la vida sigue! Y la muchacha no era para ti.

 

Pero detrás de los altavoces

detrás de los parterres y los árboles y detrás

de la noche oscura: ¿qué hay detrás

de la noche oscura?

 

Ella no abrió los labios

te miró como con un temor insinuado o difuso.

Alguien pregunta: ¿Es usted

el propietario del coche que está mal aparcado?

 

Parecía que afuera quemaran rastrojo.

Los vitrales ahora llameaban:

eran reparaciones.

 

¿Qué decía usted?

Nada; no dije nada. Pensaba

en la noche que va quedando atrás.

 

Los guardias del palacio

jugaban a los dados mientras el rey de reyes

caminó silencioso hasta el bar

y llenaba de nuevo su copa.

 

Ahora bailabas

y puedes contemplarte: los otros son tu espejo.

 

Camarero: ¿qué hay detrás

de la bebida y de los canapés

que hay detrás de los restos del pavo de la cena?

 

Cesan los altavoces de la fiesta

y la música de órgano repara

las brechas de este absurdo.

¿Cómo aguantar aquí

en este jardín?

 

Yo tenía una casa con jardín

con geranios con un castaño de Indias

un limonero y muchas buganvillas

que envolvían mi primer coche mi primer juguete.

No quiero beber más ni vivir más:

reparaciones pido.

 

Quiero que ella

vuelva a decirme: «No te vayas no»

y saltarían los cerrojos y los sellos.

 

Amanece con frío y niebla sucia y nada

va a pasar. El parque lleno de vasos tristes

va quedando desierto.

 

Yo no quise

quitarle nada a nadie. Tan sólo me asomé

a un cristal de agua fresca al hondo pozo

del amor prohibido.

 

Vuelve el olor

de paja seca ardiendo.

Los músicos se van y el órgano se adueña del alba en

bancarrota.

No puedo acompañarla señorita

no me siento muy bien debo irme a casa.

 

Quiero ver el castaño el limonero

¿Quién es el rey de reyes?

¿Qué hago yo en un jardín sin buganvillas?

¿Dónde dejé mi coche? Buganvillas

reparaciones y humo. Centinela:

¿qué hay detrás de la noche oscura?