Águila o gorrión, de Chantal Maillard


 
No es extraño que un pájaro anide entre las vigas de mi cuarto. Es un águila joven que escudriña con los ojos las heridas y las abre lentamente al llegar la noche.

    Si no me inquieto demasiado con la idea de mi muerte próxima ni me confundo con el esfuerzo por mitigar el agudo dolor de mi carne entre sus garras, puede ocurrir que me incorpore y me contemple en los cristales que espejean con la luna.

    Si logro reírme del extraño cuadro que hacen mis labios desgarrados por su pico mientras dos lagartijas se acoplan desesperadamente en la pared, una ambigua luz de eternidad y de vacío se cierne en torno nuestra.

    Despliega, entonces, el ave sus alas color de arcilla y, elevándose, deja que me derrame en el sueño.

    Al amanecer, dos gorriones recogen del suelo briznas de paja y trocitos de cuerda para hacerse un nido entre las vigas.

 

De Poemas tempranos