Despertar, de Antonio Rodríguez Almodóvar


 

(I, 1, 2) «…contemplar la luz, el cielo inmenso»

 

¡Quién fuera alondra en la mañana azul

de primavera

y probar en los aires la nueva luz del día!

¡Cantar a la inmensa dulzura de la tierra!

Salirse de esta vida rutinaria de hombre,

cuyas alas pequeñas,

―los párpados―,

no pueden,

no saben dónde están los caminos ingraves.

Construirse una nave con maderos de niebla,

para poner el ancla donde la luz primera.

Quién fuera alondra,

nave,

virginal ausencia,

quién la boca del pozo para olvidarlo todo.

Quién tuviera el sentir acostumbrado

a ver pasar los días sin temerle a la muerte,

y el corazón, sensible a la hermosura,

insensible a la voz de lo acabado.

 

De A pesar de los dioses

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