[Las manos son blancas y despiertas], de Miguel Casado


 

Las manos son blancas y despiertas,

como animales pequeños. Saca

con prisa los anillos, uno por uno,

y los va dejando en desorden

entre papeles. Quita el tapón azul,

de la crema traslúcida exprime

una dosis sobre la palma:

hombres de los hielos,

su ciencia de piel. Frota

mientras hablamos, extiende, muchas veces

repasa la suavidad

de un dedo a otro, el invisible

depósito donde se cruzan las líneas.

Con instinto y costumbre

se mueven como animales pequeños,

con tanto saber impensado,

tan blancas. Luego cierra el tubo,

lo guarda en el bolso.

 

De Falso movimiento

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