[Una pirámide roja, muy lisa], de Miguel Casado


 

VI

Manuel Sierra

Una pirámide roja, muy lisa,

ocupa toda la habitación, sugiere incluso

el vértice más allá del techo que perfora;

borroso, por la ventana

se intuye un fondo fabril.

Acaricio las paredes del milagro,

la construcción del deseo.

Ojos de mirada grande me susurran

a través de un calor de cuerpo, y la camisa

blanca se dobla en cuellos desiguales

sobre la piel que acaricio;

llegaba tan dentro esa mañana,

era como la fiebre al leer la novela

del arrebato.

En un sueño frecuente

veo una balanza que alguien

abandonó en la cuneta

de una carretera, semioculta por plásticos

y matas; los platillos están abollados,

todos sus mecanismos parecen

roídos por el deterioro.

 

De Falso movimiento

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