[Parecía absoluta la quietud], de Miguel Casado


 

I

 

Parecía absoluta la quietud

del domingo, y ahora, sin embargo,

llega, desde un punto distante,

al fondo de la casa, el ruido

de una máquina de escribir. Quien allá

escribe actúa como con prisa,

el ritmo sube mucho a ratos y se confunden

entre sí los golpes y luego decae,

espaciándose, perdiéndose. En las pausas

todo vuelve a estar silencioso, salvo a veces

el gorgoteo de un grifo.

 

Así se ejecutan los actos, con insistencia

sobre una superficie plana,

y en su música reconozco

el último escenario de la juventud.

Todos los momentos se equilibran

en este extremo del pasillo donde escucho,

su repetición anuncia

la vuelta del silencio.

 

De Falso movimiento