[Todo ha de ser simple], de Pilar Adón


 
IV
 

Todo ha de ser simple: pelar patatas, triturarlas.

Lavar, tirar el agua.

Mantener el cuerpo en orden, maquinal.

Sin echar raíces. Sin pensar «esto es mío».

Ni una silla ni una cama.

Sin alentar el pensamiento al fondo.

Vestir las piernas y vestir el pecho

de manera que parezca normal.

Sin asumir más de lo posible. Buscar la luz

y salir al pasillo.

Avanzar entre paredes, aceptar su poca anchura.

Querer descansar el peso, deshacerse de él.

Que nada ensucie el ritmo aprendido,

la pausa en las comidas, los horarios del sueño.

La franqueza de la confesión

que hace de ella un acto de enmienda.

La rectitud de una imagen

y lo curioso de este mal

que cuando no está nunca estuvo

y si está en otros, parece extravagancia.

Mas está. Y no sirven las lecturas ni la mente.

La luz del cielo, las parras y sus frutos.

La farola ambarina. El camino cuidado.

 

Asoma la infección y no hay planes ni memoria.

Todo lo que se puede hacer:

llevar una existencia simple. Pelar patatas,

triturarlas. Tirar el agua.

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