Los dos inútiles, de Rafael Cadenas


 
 
El que he sido gesticula para que lo reciba en este instante.

Abandonado, casi irreconocible, cedido a una voracidad, lucha por

reconquistar el terreno perdido.

He decidido dejarlo fuera con una palabra tajante.

Me limito a esperar en silencio al que vendrá.

Al que he buscado con un hachón en la casa sin construir.

Al que apenas oí cuchichear una mañana en el dormitorio.

Al que más se alimenta con la sangre del momento.

Colmo oscuro, extremo de monólogo, mórbido visitante.

Mi perturbador puntual, siempre frente a mí con enjambre de

reticencias, huyéndome en susurros.

Mi magna pérdida.