Fuera de sitio, de Antonio Lucas


 
 
Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:

unas pocas palabras, unos seres exactos,

unas horas muy lisas, una playa (quizá)

donde el daño no acecha.

 

Imagina la vida como no lo es ahora,

no quiero decir como algo perfecto,

sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,

un tributo al azar sin otro destino

que el confín fugitivo de un eco sin rostro.

Y después cualquier cosa.

 

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.

Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,

celebrar lentamente que aniquile mi huella,

mi escritura de hombre, mi certeza de surco,

ser la alta misión de lo que nunca concluye

como no cierra el mar su recado en la orilla.

 

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,

sino un querer más pequeño, una conquista más clara:

ver la vida llegar de su noche a tu noche

en un cuerpo ajeno,

pronunciar su silencio,

abrazar su alambrada,

desear su vacío,

delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,

hasta el tiempo sin tiempo

del país que no haremos.

 

Madrid, 7 de marzo de 2013