Después de la niebla, de Carmen Sigüenza


 
 
Te escribo desde este lado de la vida.

 

Hoy te he visto por azar en un retrato,

así, muda,

sin el aullido silencioso de tu despedida.

 

Nunca habrá olvido,

ni recuerdos, alimento de ese olvido.

Sí tus manos,

y tus olores,

blancos y limpios,

y sí las palabras de las que un día eras dueña

y que ahora anidan en mi boca.