El viento suave y la cuerda lastimera, de Beatriz Rodríguez Delgado


 

Buenas noches y muchas gracias a todos por acompañarnos en esta IV edición del Festival de Poesía de Madrid por el que han pasado algunas de las mejores voces de la poesía que se escribe en la actualidad en español, incluido el maestro Rafael Cadenas, gracias al cual consolidamos un año más el espíritu internacional de PoeMad, siempre alerta a la poesía que viene del otro lado del Atlántico.

     La IV edición del Festival de Poesía de Madrid, PoeMad, llegó, como quien dice, con un cuervo debajo del brazo. De la mano de Miguel Munárriz, incorporación de lujo con la que cuenta este año la organización del festival, conocimos al gran Julio Rey, que con generosidad y simpatía infinitas nos cedió un cuadro que nos venía que ni pintado.

     Ya iba siendo hora de que el mítico cuervo de Edgar Allan Poe acompañara a PoeMad en sus vuelos poéticos: la locura de la poesía, unida a la locura de organizar un festival de estas características en la ciudad de Madrid, fueron una fusión tan inevitable como necesaria desde los orígenes del proyecto PoeMad.

     El loco Poe nos asistió, y pronto se fijaron otras piezas fundamentales: el Centro Cultural Conde Duque abrió sus puertas al festival, el Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad Nacional Autónoma de México respaldó la vocación internacional con la que PoeMad siempre ha querido alinearse y la Fundación Aquae ofreció todo su apoyo para que la fiesta de la poesía de Madrid pudiera realizarse un año más.

     Pese al esfuerzo que implica cualquier actividad relacionada con el pensamiento y no con el voto, sí son buenos tiempos para la lírica, porque son tiempos en los que debemos redefinirnos a nosotros mismos y a lo que nos rodea, y nombrar algo nuevo siempre es síntoma de creación.

     En estos dos días intensos de poesía hemos jugado a redefinir el nombre de Madrid. Sí, PoeMad es Madrid, y Madrid en estos días ha sido palabra, ha sido música, ha sido América, ha sido, va a ser, en breves instantes, flamenco.

     Una de las grandes influencias del poeta Antonio Machado fue, sin duda, la labor de integración de la cultura popular ―que no populista― en el canon poético que su padre, Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, hizo en la magna obra El folklore andaluz.

     Demófilo no sólo defendió lo popular como raíz de lo culto, sino que fue un maestro de este pensamiento para muchos intelectuales de la época, y así lo confirmaba Luis Montoto:

Él me aficionó, aún más de lo que yo lo estaba, de las costumbres populares, descubriéndome los tesoros de una poesía con que se arrobaba mi alma. Estudia ―me decía―, estudia al pueblo, que, sin gramática y sin retórica, habla mejor que tú, porque expresa por entero su pensamiento, sin adulteraciones ni trampantojos; y canta mejor que tú, porque dice lo que siente. El pueblo, no las Academias, es el verdadero conservador del lenguaje y el verdadero poeta nacional.

Para clausurar el IV Festival de Poesía de Madrid contamos con uno de esos transmisores de la cultura con mayúsculas. El poeta nacional e internacional de las seguiriyas, los tangos y las tarantas, el poeta del viento suave y la cuerda lastimera: Pepe Habichuela.
 

Beatriz Rodríguez Delgado