[Cuando ganó la beca Guggenheim], de Tamara Kamenszain


 
Cuando ganó la beca Guggenheim
para escribir La novela luminosa
Mario Levrero empezó escribiendo
«El diario de la beca»
para no escribir La novela luminosa.
¿Eso es hablar de la muerte?
Un diario de 500 páginas
fechado con día y hora
te lleva de la mano por las rayas del cuaderno
de un hombre que no quería narrar
sólo quería regalarnos minuto a minuto
el ritmo obsesivo de una rutina
el estribillo del encierro un poema
de 500 páginas.
¿Se escucha?
Diario, autobiografía, blog, narrativa en primera
o como se quiera llamar a ese cuaderno éxtimo
que la muerte del autor transformó en libro.
¿Es novela? ¿Es el protagonista
igual al narrador igual al autor igual
a un hombre como cualquier otro lleno de manías?
Bañarse poco comer mal no escribir no escribir
que la narrativa no cuente
que la poesía cuente si no cuenta
(«no querer saber nada de eso» llamó Lacan
a este bastión de la neurosis).
Lo que ilumina el libro levreriano es
la luz que a través de una radiografía
despierta la intimidad del esqueleto
un jeroglífico que los médicos simulan leer
para después simular que saben
hablar de la muerte.
 
A la novela luminosa el diario de la beca la tenía
toda adentro desdeñoso impertérrito
ese muñeco humano que soporta
los rigores de la literatura nos obliga
a poner en hora nuestros propios hábitos
si él no se baña tenemos que chequear
cada cuánto nos bañamos nosotros
si él ama pudorosamente tenemos que revisar
las exiguas consecuencias de nuestros propios amoríos
porque no vale inventar
novela no vale
anuncia el anagrama de carne y hueso
que tengo conmigo desnudo para ustedes
es un cadáver abierto en 500 páginas
y su autopsia me está indicando un final:
M. L. murió el 30 de agosto de 2004
y recién después se publicó
un libro escrito por él para después.
¿Eso es hablar de la muerte?
 
 
 
 
La pregunta me deprime.
Qué me meto yo en la vida de Levrero
por qué tengo que preguntarme si él sabía
que estaba escribiendo su libro póstumo.
¿Y Perlongher? ¿Y Viel? ¿Y Alejandra?
Vallejo liquidó el asunto por adelantado
«César Vallejo ha muerto» escribió
y no era ningún chiste de humor negro
tampoco un ejercicio vanguardista
para desenmascarar mal
la banalidad del tiempo.
¿Hablaba Vallejo de la muerte?
Ya ni sé.
 
 
 
 
Conclusión: entre el dolor y la alegría
de estar viva
escribir poesía para mí
es dar y recibir una promesa
de supervivencia
hay corte de riesgo pero también hay
un verso que se encabalga con otro
si van de la mano ¿cuentan algo?
no sé pero te aseguro
que con toda el alma quieren seguir contando
para que mañana si me queda tiempo
yo te pueda pasar en claro mi cuaderno
escribirte por ejemplo un ensayo titulado
LA NOVELA DE LA POESÍA.
¿Será eso hablar de la muerte?
Vos sabrás…

Mayo-octubre de 2011

De La novela de la poesía, 2012

 
 
Nota: Tamara Kamenszain obtuvo en 2014 el Premio Konex de Platino (Argentina), en la categoría de poesía, otorgado por la Fundación Konex.