Gritar es cosa de mudos, de Francisco Hernández


 
Carajo, esto es el acabose.
Aunque ignoro si sea el momento exacto ―uno nunca sabe
cuándo cerrar la boca o cuándo unas palabras graves
nacerán en la frente― pero a dar curso vengo a todo lo que
se está ahogando dentro y fuera de mí:
las escamas infantiles,
el sabor de miseria,
la impasible visión de los espejos.
Bajo el viento abro el tercer postigo.
Veo cómo las hojas se espuman y se esfuman;
veo caballos del alba pasar a tumbos sobre el lomo del río;
niños sin frazadas; árboles huecos que cayeron del cielo;
gritos hundidos dentro de sí mismos: los veo ser
          descubiertos
por luciérnagas y alertados por un perro de aguas
que conoce años ha la suerte de los náufragos.
¿Y?
Ahora yo, oteando tu cadáver a última hora
vestido con ropa limpia, oigo el triste silbato
que me obliga a bajar apresuradamente de la cubierta
para oler el aceite que te untaron en las orejas.
En tu garganta hay címbalos,
peces que no conocían la superficie del mar.
Y ahora yo el desterrado lluevo sobre los cirios,
doy vueltas y vueltas a tu cuerpo sin sangre
y me detengo.
Como si entrara a una librería desconocida
hojeo tus párpados en busca de la última palabra
cuyo significado te dolía.
¿Quién se cortó la lengua ante el espejo?
¿Quién no desea comprar una sombrilla
si ya han anunciado la tormenta de mierda?
Sin responder a los crespones
que la nostalgia anuda a mis zapatos
y que cada mañana que se pudre veo,
voy al encuentro del viejo español que hace estallar
el iris de las niñas cuando tose o habla.
Mis huesos, sin otra cosa que calor,
se van agazapando en las esquinas.
Mis cabellos cuelgan de la levadura
de los árboles, mis duelos se nutren en el plato
del vagabundo y llego ante él sin vísceras.
Con el pellejo temblando como gelatina
me empotra en la pared: lo escucho.
Sólo su nombre retuerce mi ocio y me reanima.
Pero yo, siempre yo por debajo de todo,
sigo pensando que gritar es cosa de mudos
y que escuchar es intercambiar ecos
con barcos fantasmas o con muertos
que han perdido la esperanza de vengarse.
 

De Gritar es cosa de mudos (1974)

 
 
Nota: Francisco Hernández obtuvo en 2014, junto con el poeta luso Nuno Judice, el Premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval (México), otorgado por el Seminario de Cultura Mexicana y el Instituto Cultural de Aguascalientes.