La Dama del lago


El agua en movimiento como representación de un viaje hacia el conocimiento del mundo tiene su contrario en el agua estancada, que, según Carl Gustav Jung, representa el inconsciente colectivo y que está directamente relacionado con el arquetipo de la madre y sus diferentes significados: lo protector, lo sustentador, lo oculto, lo secreto, lo abismal. En la mitología celta, encontramos un mito perfecto para nuestra tipología y que encaja con la descripción de Jung siendo, evidentemente, muy anterior su aparición: la Dama del lago, cuyo nombre, Nimue, parece además evocar a Mnemósine, la madre de las musas.
 
 
 
 

© Lola Díez Antequera.


 
Arte poética

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Jorge Luis Borges
De El hacedor, 1960

 
 
 
 

© Lola Díez Antequera.

Calma

                    Este silencio,
               blanco, ilimitado,
                    este silencio
del mar tranquilo, inmóvil,

                         que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la calma,

               ¿se extienden acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez por la arenilla
de fuego,

                         la infinita
playa desierta,
                              de manera

                    que no acaba,
quizás,
                    este silencio,

                    nunca?

Eliseo Diego
De El oscuro esplendor, 1966

 
 
 
 

© Lola Díez Antequera.

frente a la Vida
recojo este grito desgarrado,
ancha ola que se estrella en
la playa de mi corazón

NO TENGO PROCENDENCIA

amo la Tierra
porque vengo del seno de la Tierra,
pero tengo los brazos
               tendidos al Mar

el sol castiga mis espaldas
y la sonrisa de la mañana
tiene besos salobres

abre sus rejas la ciudad
para los esclavos del hambre
donde el hombre tatuado de tristeza
muerde el pan cuotidiano:

«todos los días son iguales»

gran argolla
               ojos de ajusticiado
manos que arañan las ideas oscuras
nubes alegres
               alegría del campo
                    alegría del cielo
                         alegría del Mar

A L E G R Í A —vidrios rotos— las lágrimas
quiebran en arcoíris el paisaje

persignado de amor
                         con la pequeña cruz a cuestas
hombre esclavo —pequeño hijo de la Tierra
donde todo es prestado
                         hasta la luz que ríe
sobre su frente condenada

encarcelado hombre de ayer
hierve el mar subterráneo del pasado
donde se nutren las raíces
               de los hombre de hoy

amarrados al recuerdo
               espectro detrás de nuestras pisadas
como la tara de la sangre

siempre somos los h i j o s
               de los p a d r e s

con la garra que muerde nuestros talones
de la carne —de la patria— de dios

Pero Yo          Yo
               frente a la Vida
yo poseo la roja manzana de la Vida

y estoy aquí —enorme Mar
               humano Mar
               Mar mío

tú —el único libre bajo el cielo,
tú que azotas las nubes
               con banderas de espuma que enrojece el
crepúsculo
tú que me has enseñado
               la alegre tristeza del viaje

H O M B R E          E M I G R A N T E

               recién          HOMBRE          LIBRE

                         NO          TENGO          PROCEDENCIA

alarido del Mar
detrás de las colinas azules
el Sol compañero de todos los días
me saluda en el don de la mañana
y la ancha ola
hunde en la playa de mi corazón
sus rojos dedos libertinos

Magda Portal
De Una esperanza i el mar, 1927

 
 
 
 

© Lola Díez Antequera.

¿Qué canta el agua?
El agua canta el agua
canta el agua canta.

Javier Sologuren
De Hojas de herbolario, 1996

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