[No habíamos trasvisto ángeles] y [A cada vuelta del camino], de Eugenio Padorno


 
V

No habíamos trasvisto ángeles en las rocas. Desde siempre aquí estuvo la veladura del sentido amalgamada con la grisura de las nubes o con el aire del ardiente siroco:
          la gran hoz junto al botar de juegos infantiles,
          junto al vagabundeo impreciso de la adolescencia,
          junto a los pasos inquietos del presente,
cuando ya la cosecha no embriaga y mantiene cada vez más despiertos, más lúcidos;
cuando ya caminar no supone el antiguo pretexto para hacerse con dádivas en subrepción unidas a la cadencia de la marcha,
sino el acato del movimiento mismo hacia ocultos, proveedores, momentáneos albergues
donde hallar siempre al fin las borras de la angustia
bajo el prieto cedazo de estaciones y climas superpuestos en un islote,
fértil nido de mitos.
 
¡Ah Inesperada, déjame envejecer en paz!; los sueños se pudrieron y como semillas germinaron; no quieras proveer su vacío granero.

De Paseo antes de la tormenta (col. Tierra del Poeta, Ediciones La Palma, 1996)

 
 
 
 
VII

A cada vuelta del camino, abajo, siempre el mar, que entró en los ojos como brasas huidas de su círculo fúlgido; y no sé con qué estaba fabricando el espíritu, mas desmedida era la ganancia del sentido de cosas no visibles: tan sobrado de luz, alcancé la colina, y otras islas enfrente, desde lo transreal adelantadas, iban apareciendo en un acortamiento de lo ignoto.

          Presto el hatillo de fuego en la caña flexible, ¿qué o quién —de la naturaleza adivinado—, me hablaba al pensamiento —como el celaje calladamente al árbol, como el sendero al perro vagabundo— en medio de una frase igual a un laberinto?

          Un lagarto escapó entre retamas agitadas y recordé —¿hay un destino injusto?— la queja que se envuelve en el corazón sin encontrar salida.
          Allí lo que a nuestra orfandad queda y basta:
          el calvero, y la piedra en que ha de sentarse el pastor bajo las luminarias, como dijo el poeta,
          y el molino hecho de las palabras del estar aquí, ser aquí, haber comprendido desde aquí. Donde la rosa es también la rosa.

De Paseo antes de la tormenta (col. Tierra del Poeta, Ediciones La Palma, 1996)